Palacio de Iturbide o Casa de los Marqueses de Jaral de Berrio

Jorge J. Jesús Carrillo

Madero 17, Centro Histórico
Ubicación en Mapa Central C-3

 

En la antigua calle de San Francisco, hoy Madero, se levanta el majestuoso el Palacio de Iturbide, considerado por los conocedores como el palacio barroco más representativo de la Nueva España.

Fue construido por Miguel de Berrio y Zaldívar, primer Marqués de Jaral de Berrio y Conde de San Mateo de Valparaíso, perteneciente a una de las familias más acaudaladas de la época, de quien se dice que al contraer matrimonio su hija Maria Ana de Berrio y Campa con Pedro de Moncada Marqués de Villafont, y temeroso de que su futuro yerno despilfarrara en juegos, apuestas, licor y mujeres, la cuantiosa dote que le sería entregada, prefirió construir un fastuoso palacio para entregárselo como residencia.

Para ello, el Marqués de Jaral de Berrio eligió el solar que colindaba con el Convento Grande de San Francisco y que había pertenecido a diferentes propietarios, entre los que podemos mencionar a don Francisco de Córdoba, contador mayor de la Nueva España, también fue propiedad de las monjas del cercano convento de Santa Brígida.

Para asegurarse de que fuera el mejor palacio construido en la Nueva España contrató al renombrado arquitecto mexicano Francisco Guerrero y Torres, a quien le encargó el proyecto del excelso palacio, cuya obra se realizó a partir de 1782, dándose por terminado en 1785.
Al terminarse el palacio, el costo de su construcción fue estimado en poco más de 160,000 pesos oro.

A pesar de lo costoso de la obra, los marqueses habitaron el palacio poco tiempo, ya que abandonaron la Nueva España hacia 1800.

Al consumarse la Independencia, tras la entrada triunfal de Agustín de Iturbide al frente del Ejército Trigarante el 27 de septiembre de 1821, Juan Nepomuceno de Moncada, descendiente de los marqueses le ofreció el monumental palacio como residencia y de él salió, en 1822, para ser coronado primer emperador de México.

Años después, hacia 1830, fue utilizado por el Colegio de Minería mientras se realizaban algunas reparaciones en su sede original.

En 1844, se instaló la Lotería y posteriormente fue cedido a la Academia de San Carlos.
Durante la invasión de las tropas norteamericanas en 1847 fue utilizado como cuartel.
El inmueble tuvo varios usos, hasta que en 1851 se convirtió en el Hotel Diligencias, que en 1855 cambió su nombre a Hotel Iturbide y que llegó a ser uno de los más prestigiados de la ciudad.

En él, llegaron a instalarse un café cantante, un billar que reproducía la decoración del Billar Perié de Paris que contaba con cafetería y bar. En él se instaló en 1887 el primer elevador de México.

En 1890, el nuevo propietario conservó el uso de hotel y contrató al arquitecto Emilio Dondé para remodelarlo. Funcionó como hotel hasta junio de 1928.
En 1966, fue adquirido por el Banco Nacional de México que contrató al arquitecto Ricardo Legorreta para restaurarlo.

Refiriéndonos al edificio, el palacio fue construido en tres niveles como era la costumbre, planta baja comercial, entresuelo ocupado por el administrador y el piso noble ocupado por los propietarios. Sin embargo, a pesar de no encontrarse en esquina, el arquitecto, con la intención de que el edificio destacara sobre los demás palacios le proyectó dos torreones unidos por una logia superior, este último piso lo convirtió en la casa más alta construida en el siglo XVIII en la ciudad de México.

Su fachada vestida de aterciopelado tezontle esta exquisitamente ornamentada con ricas molduras y cornisas de cantera que, a manera de finos encajes, adoptan formas curvas y geométricas que enmarcan las puertas y los balcones. Sobresalen, al centro de los paños, pequeños relieves con temas religiosos y tableros mixtilíneos que debieron ostentar escudos nobiliarios. La herrería de los balcones es forjada y muy sencilla.

En su armoniosa y simétrica fachada, se abre al centro el majestuoso acceso de doble altura con su fino portón tallado en madera. Sobre el acceso destacan dos imponentes atlantes apoyados sobre dos grandes roleos que parecen sostener el balcón principal. El uso de atlantes y filigranas realizadas en cantera en las portadas platerescas de la Nueva España tienen su origen en el siglo XVI en las antiguas casas construidas por los conquistadores como la Casa de Montejo en Mérida, Yucatán.

La logia superior está coronada por un pretil de arcos invertidos y altos remates de cantera, mientras que los dos torreones están .terminados con un pretil mixtilíneo compuesto de roleos.

El palacio debió contar con dos patios, desafortunadamente el predio fue fraccionado y solo se conserva el patio principal, que cuenta con cuatro arcadas apoyadas sobre esbeltas columnas de doble altura, que por sus dimensiones le brindan una ligereza visual al patio único en este tipo de construcciones. Las uniones entre los arcos están decoradas con medallones y guirnaldas. Se dice que a sugerencia del Marqués de Villafont, el patio principal está inspirado en el Palacio Real de Palermo, Italia de donde él era originario.

Al entrar, resalta la bóveda nervada del amplio zaguán y el arco labrado que comunica con el patio. En el interior, hay que detenerse a admirar los ricos marcos de las escaleras y de las puertas del salón del dosel, el salón del estrado y la capilla doméstica con una imagen coronada de la Virgen de Guadalupe.

Actualmente, este maravilloso monumento puede ser visitado por todos, ya que funciona como el “Palacio de la Cultura Banamex” y en él se realizan diversos eventos culturales como: exposiciones, presentaciones de libros y conferencias.

Podemos estar seguros de que este maravilloso palacio fue uno de los numerosos palacios novohispanos, que por su sobresaliente belleza llevaron al viajero inglés Charles Latrobe a bautizar a la Ciudad de México en el siglo XIX como “La Ciudad de los Palacios”.