Balcón de la capital, la antigua municipalidad de tacubaya

Manuel Magaña Contreras

Físicamente, poco es lo que sobrevive de la antigua y señorial municipalidad de Tacubaya, más, su belleza de antigua Villa y población, que es simbiosis de lo indígena y español, es imposible borrarlo de la historia de la capital – fue un maravilloso balcón que permitía observar el panorama con el Popo y el Iztac, al fondo -, y del país mismo, por los muchos hechos históricos ahí protagonizados, en la invasión yanqui en 1847 y el inicio de la “guerra de los pasteles” con Francia, en 1838.

 

Sus estrechas callejuelas y sus amplias y solariegas casonas, la intimidad del ambiente levítico enmarcado en sus cuatro principales templos, sus plazas, jardines y alamedas, además de sus acueductos, como el de Santa Fe, sus alamedas y molinos de trigo y sus caudalosas fuentes de agua potable provenientes del Desierto de los Leones y las lomas de Dolores, fueron elementos de la vieja Tacubaya, tan cantada por poetas mexicanos y del extranjero.

Belleza urbana, del más puro estilo mexicano, por su doble raíz étnica e hispana, enmarcado en sucesos de alcances nacionales, Tacubaya es preciada flor de un estilo de vida en la Ciudad de México de nuestros antepasados, cuando el D. F. fue una sucesión de ranchos, haciendas y tierras de labranza que rodeaban a la capital y poco más de un centenar de pueblos y barrios, hoy borrados por la mancha urbana.

Sede municipal de varios pueblos

A mediados del Siglo XIX, Tacubaya fue residencia del Ayuntamiento al que pertenecían los pueblos de La Piedad, San Lorenzo, Nonoalco y once barrios, entre ellos, Suchiguacan, Aguatepiquepan, Huyula, Calcingo, Tequesquináhuac, Yanestitlan, etc., según estudio del síndico del ayuntamiento, Ernesto Masson.

Tacubaya fue destazada en canal a partir de 1952, con motivo de las demoliciones de la municipalidad, para dar paso al Anillo Periférico. Posteriormente sufriría otra mengua de su fisonomía urbana al ser entubado el Río de la Piedad, luego, con la ampliación de las avenidas Jalisco y Observatorio, el Camino Real a Toluca y la misma Alameda fue abatida para ampliar la zona comercial.

Pese al daño ocasionado a lo que debió haber sido conservado, en la historia están impresas las características de Tacubaya que estuvo circundada por las Haciendas de la Condesa de Miravalle y de Becerra, el Olivar del Conde, y de Narvarte. Los ranchos de Nápoles, perteneciente a la Hacienda de San Borja y de Sola o Schola.

Notables sucesos históricos

La antigua y señorial municipalidad de Tacubaya, tal como está consignado, ha sido teatro de importantes acontecimientos históricos, la mayoría de trascendencia nacional. Entre otros, citemos los siguientes:

Después de consumar la Independencia de México, el libertador Agustín de Iturbide reside y se identifica con Tacubaya.

En 1826, se lleva a cabo una reunión de Presidentes, para analizar temas anfictiónicos bolivarianos para establecer la hermandad entre naciones hispanoamericanas

En la década de los 40 del Siglo XIX, hay reuniones en torno la Ley conocida como “Las Siete Bases” o “las Bases de Tacubaya”.

En 1838 se produce el incidente en la pastelería de un súbdito francés que reclamó 74,000 pesos de adeudo a militares, lo que originó la “guerra de los pasteles”.

En 1842, fue alterada la tranquilidad del lugar por la muerte violenta del pintor inglés, Eggerton y su pareja sentimental Agnes, en el camino a Nonoalco, el 27 de abril. Se ha dicho que espiaba mientras pintaba paisajes para que en la guerra de 1847, el invasor tuviera conocimiento de la topografía sobre la que actuaría militarmente.

En 1847, fueron ahorcados en Tacubaya varios miembros del Heroico Batallón Irlandés de San Patricio, al lanzarse Scott contra el Castillo de Chapultepec.

En 1857, ya en la Guerra de Tres Años o de Reforma, el general conservador Félix Zuloaga lanza el Plan de Tacubaya.

En 1859, ocurre el enfrentamiento entre los generales Leonardo Márquez y Santos Degollado, con la derrota del segundo y la ejecución de varios de los vencidos, entre ellos médicos, que se conocen como los mártires de Tacubaya.

En 1913, tropas comandadas por el general Manuel Mondragón, salen al centro de la capital para apoyar la rebelión que culmino con la Decena trágica.

La antigua Tacubaya

Un escritor inglés, que investigadores indican fue Charles Latrobe, autor de la frase “La Ciudad de los Palacios” – lo que hoy es el Centro Histórico capitalino -, describe así a la señorial municipalidad:

“Tacubaya viene a ser la capital de los pueblecillos cercanos a México, por su aire aristocrático, sus lujosas casas de campo. Su población y la concurrencia que allí acude los domingos pasan el día jugando a los bolos o paseando en los jardines. Entre las casas más notables, se cuentan las de Jamison, Escandón, Conde de la Cortina, Gral. Carrera, Bardet, Iturbe, Carranza, Algara. Ahí mismo se encuentra el edificio del Arzobispado que fue convertido en el Aranjuez de los Presidentes de la República”.

El Parque Lira, la Casa de la Bola, la de D. Manuel Romero de Terreros, de Mier y Célis, de la familia Barrón, etc., son muestras del señorío de las residencias de Tacubaya, en contraste con zonas como la del barrio de “El Chorrito”. Este es un maravilloso entorno urbano, complementado con los templos de La Candelaria, San Juan Bautista, la Asunción de María y San Miguel Arcángel. Cerca de la casa propiedad de D. Manuel Eduardo de Gorostiza, se encontraba el “árbol santo”.

Tacubaya fue una obra de arte urbano que merece vivir en el recuerdo con todo su sabor de provincia, porque cuando los pueblos pierden su memoria, empiezan a morir.

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