Los Sabores de Septiembre

Bien sabido es que en México cualquier pretexto es bueno para reunirse a festejar y sobre todo… a comer. Es por esto que durante la tarde del 15 de septiembre platillos como la tinga, la pata en fiambre y el picadillo adornan las crujientes tostadas que son bendecidas con salsa, queso y crema antes del goloso festín independentista.

 

Los tamales, el mole, la birria, el chicharrón en salsa y antojitos como las quesadillas, sopes, huaraches, pambazos, picaditas, tlacoyos y gordas, también se agregan a la carta de lo que hasta hoy día se conoce como “la noche del grito”.

Septiembre es el mes en que la fiesta se une, una vez más, a la gastronomía de nuestra tierra y se hace presente en las mesas de los hogares y en la mayoría de los restaurantes tradicionales.

Platillos como los chiles en nogada se precian de ser de temporada ya que es la época en la cual las nueces de castilla son ofrecidas por las marchantas en los mercados y las granadas ofrecen sus rojos granos para nuestro deleite, además de regocijarnos en su soberbia preparación que nos remonta a su conventual e imperial.

Es el mes de los buñuelos, de las verbenas populares, de las luces tricolor y las farolas; es el mes del folklore, aquel que se hace visible en los vitroleros cuyo contenido se compone de los colores que representaron simbólicamente las tres garantías buscadas en el ideal de los criollos de principios del siglo XIX encabezados por Iturbide: verde de independencia, blanco de religión y rojo de unión. En el caso de la mesa, esos colores serían representados por: el verde de limón con chía, el blanco de la horchata de arroz y el rojo de la flor de jamaica.

Todo esto, enriquecido con adornos como sarapes polícromos, manteles de papel picado, banderas o pairolas y el sonido de los sones de mariachi, o los jarochos, sin faltar las bebidas que raspan la garganta como el mezcal, el tequila o la charanda, todo esto envuelto entre la alegría del confeti y las serpentinas.

Algo sucede en este día, aún calzando tenis nike, Reebok o accesorios Louis Vuiton o Tous, a las mujeres les da por ser chinas y, las que pueden, se hacen trenzas o si no se las compran postizas; o también les da por sentirse las negras del son que indudablemente nos pone a bailotear en cualquier momento que se haga escuchar y a los caballeros, aunque se llamen Irvin, Alan o Cristian (así sin la h), les da por sentirse el Juan charrascado de la fiesta. No importa, ese día todo se vale y hasta el más mínimo detalle: como una banderita hecha de chaquiritas colocada en la solapa nos hace sentir más mexicanos.

Las mesas cambian la sobriedad de sus manteles y se pintan de los colores más mexicanos: fucsias, morados, verdes, rojos, blancos, amarillos, eso si, lo más chillante posible. Sobre estos manteles, se colocan las cazuelas o cacerolas que nos invitan al glotón goce.

Por supuesto que entre todos los platillos que conforman el menú de la cena, no puede faltar un platillo típico de esta temporada, al Pozole, palabra que nos remite a la fiesta, sabor y tradición. La raíz pozolli, la encontramos en el idioma Náhuatl cuyo significado es espuma. El origen de este tan popular platillo se remonta a tiempos tan lejanos como el origen del mismo maíz y podemos encontrar documentos que citan la presencia del pozole en la cultura mexicana desde los escritos recopilados por fray Bernardino de Sahagún.

Este plato septembrino, se ha regionalizado a través de los tiempos y hoy puede consumirse según la región, ya sea rojo, blanco o verde y preparado con carnes de pollo o cerdo, eso si, con el maíz indispensable, sus rabanitos, col y orégano esparcido con sutil destreza previamente triturado co las palmas de las manos.

Con comida e historia (aunque a veces en ella se conozca apenas lo necesario) la reunión nacionalista resulta divertida y sabrosa. Es el momento de ver a los seres queridos y comenzar a hacer mención de las pachangas que a partir de esta fecha seguirán, por lo que entre tostada y tostada se escuchan frases como ésta:

Nancy.- ¡Ay Marichú… que cosa, que nomás llega septiembre y se acaba el año!
Marichú.- ¡Si, Nancy, después del grito ya es navidad!

Hoy a 198 años del inicio de la lucha por la Independencia, las familias mexicanas continúan reuniéndose con entusiasmo y espíritu patriótico. Y vasta sentir como comienza a cambiar, por ahí del 10 de septiembre, el ritmo de la gente en las vecindades, en las casas, en las oficinas, en las cuales comienza el alboroto y la gente se pone de acuerdo para la fiesta y ver quien “pone” los guisos, quien la música, quien los adornos y hasta quién arma la representación con los héroes que nos dieron patria como aderezo a tan emotiva cena.

Y como el espacio de los acontecimientos, el Centro Histórico se precia de ser uno de los grandes escenarios para esta tertulia casi bicentenaria, ya sea desde sus calles y avenidas adornadas con luminosos festones o desde su majestuosa Plaza de la Constitución (tan peleada en últimas fechas) y su emblemático alumbrado que se puede apreciar co todo su esplendor la noche de la celebración.

México tiene lo suyo, aún en los tiempos de transición la gente de esta tierra seguirá sabiendo compartir uno de los grandes tesoros; su cultura, heredada del conocimiento de sus ancestros; de aquellos Moros que mezclaron su sangre y su cultura con los castellanos; de aquellos españoles que se asombraron ante ella allá por el siglo XVI, de aquellos africanos, que aprendían a comer de tres continentes, y de cada uno de los seres que han vivido, caminado, amado, pero sobre todo comido, en nuestra bendita tierra.

¡Que viva México! Y ¡Que viva bien! Que bien se lo merece.