Antiguo Monasterio de Montserrat
Pedro Carrillo Camacho

 


José Ma. Izazaga # 79 esq. Isabel la Católica
Centro Histórico
Ubicación en Mapa Central C-4

Al parecer, en 1580 se trajo de Cataluña una imagen de la Virgen de Montserrat. Para 1584, los conquistadores Diego Jiménez y Ricardo Moreno fundaron una cofradía dedicada a esta Virgen y edificaron un hospital con templo y un pequeño monasterio en el límite sur de la Ciudad de México. A principios del siglo XVII, los monjes benedictinos tomaron posesión del Templo de Nuestra Señora de Montserrat y convirtieron el Monasterio en Priorato. Se dedicaron al cultivo de la tierra y a copiar manuscritos antiguos de la historia de América. Tenían en su claustro a niños a quienes enseñaban las primeras letras, gramática latina y música y los preparaban también para acólitos.

 

Los monjes destacaron por poner especial atención en los pobres y desvalidos, repartían gratuitamente ropa, comida y medicinas a los necesitados y a los enfermos. Este Priorato funcionó hasta 1821, año en que, por decreto de las Cortes Españolas, se suprimieron las Ordenes Religiosas. El Hospital prestó sus servicios hasta 1862, fecha en que fue fraccionado y vendido a particulares.

El Templo declarado Monumento Colonial en 1931, fue cerrado al culto un año más tarde por los conflictos religiosos que vivía la ciudad en aquella época. El conjunto religioso fue agresivamente mutilado al ensancharse la actual calle de José María Izazaga en el siglo XX, pudiendo salvarse parte del templo y el claustro.

El inmueble ha tenido diversos usos como cuartel de soldados, casa de la Federación Socialista de los Trabajadores y vecindad entre otros. En 1970 pasó a ser parte del Departamento de Turismo. En 1973 fueron cedidos el templo y el claustro a la Federación Nacional de Charros A. C., quien determinó convertirlos en oficinas y en el “Museo de la Charrería”.

Actualmente, el inmueble presenta un aspecto descuidado, en el exterior, la presencia de vendedores en vía pública que fijan lonas y plásticos en la fachada del templo ponen en peligro las esculturas ubicadas en los nichos a los lados de la puerta pudiendo provocarse un accidente como el sufrido por la escultura de San Jorge que estaba colocada en la fachada de la Academia de San Carlos y que se perdió al caerse una lona de platico de ambulantes que estaba amarrada a la escultura.

En el claustro, la presencia de un restaurante de muy baja calidad con mesas y sillas de plástico y evidente falta de higiene, proporciona una imagen muy deteriorada e inadecuada para un monumento de esa calidad e importancia. A pesar de contar en su acervo con algunas piezas de valor histórico, la museografía añeja y obsoleta, el abandono de sus instalaciones aunada a la escasa promoción que tiene el museo, y la perceptible falta de mantenimiento y cuidados adecuados al monumento aceleran el deterioro provocado por la falta de recursos suficientes y del interés mismo de parte de quienes lo utilizan.

Por lo anterior, resultaría conveniente que las autoridades competentes revisaran las condiciones en las que fue concedido el inmueble para exigir que se cumplan y, en su caso, rescatarlo, rehabilitarlo y darle un uso más digno que permita su disfrute por parte de los vecinos y visitantes nacionales y extranjeros como lo merece nuestro patrimonio.