Programa doble: Ninón Sevilla
Por Sergio Faz

Primera función: Victimas del pecado (1950)
Dirección: Emilio Indio Fernández

1. Violeta (Ninón Sevilla) es una cabaretera que trabaja en el Changoo. Ella como las otras mujeres en el local empezó como fichadora (esa mujer de dudosa reputación cuyo oficio devino en un género del cine mexicano, el de ficheras) y ahora disfruta del éxito repentino que le proporciona el tener como madrina a Rita Montaner, la gran señora de la canción cubana.

 

Mientras Violeta baila al ritmo de la música de la Orquesta de Pérez Prado, el cara de foca, y disfruta las mieles del éxito las otras muchachas sufren la explotación de Rodolfo (Rodolfo Acosta), el padrote, vividor, califa, cinturita, que les saca el dinero. Rosa (Margarita Ceballos), una de las fichadoras ha tenido un hijo de Rodolfo y él no quiere ni verla, alegando que el niño no es suyo. Es cuando Violeta se entera de la situación de Rosa que dice la frase que marcara su destino:

-Nosotras no tenemos derecho a tener hijos, pero si ya no hay remedio… hay que cumplir-; y se va a conseguir dinero prestado para sacar a Rosa y su hijo del sanatorio. Cuando Rosa vuelve al Changoo para rogarle a Rodolfo que reconozca a su hijo éste se enoja y sale del cabaret, Rosa va tras Rodolfo hasta la Plaza de la República, allí ella se humilla, le pide que le pegue, que le haga lo que quiera, que ella se merece todo pero que no la abandone. La escena llega hasta la cima del melodrama y el exceso emocional cuando él le pide que se deshaga del niño. Ella accede echándolo a la basura y se va con él a dar un golpe a la taquilla del cine Babilonia (el Lido en la colonia Condesa, abierto el 25 de diciembre de 1942, obra del arquitecto Charles Lee) en el que matan a la taquillera. Luego del asalto vuelven al Changoo y Rosa se pone a trabajar al ritmo de un son cubano. Violeta baila, con ese vaivén tropical que la hace la diosa del cabaret.

Rosa llora la pérdida de su hijo y la recuperación de su hombre cobijada por la voz de Pedro Vargas que parece cantarle a ella: Divina claridad / la de tus ojos / diáfanos / como gotas de cristal… / ¿Por qué te hizo el destino pecadora? / Si no sabes vender el corazón...

Al darse cuenta Violeta de lo que ha sucedido, sale a buscar al niño y cuando los trabajadores de limpieza están a punto de echarlo al camión de la basura ella aparece, corriendo, sobre unos tacones imposibles, por un costado de la Plaza de la República y lo salva; pero el salvar al niño le costara a ella que la echen del cabaret, que Rodolfo la persiga con saña y que se vea orillada a irse a trabajar a la calle.

Es en la calle, en la oscuridad, que vemos una escena realmente conmovedora: la de las prostitutas, recargadas en la pared, en fila, esperando a que llegue el cliente; ésta es una escena que hace pensar en la actual calle de San Pablo, a plena luz del día, con las filas de muchachas esperando subidas en zapatos de plataforma (hechos de plástico, algunos transparentes, con agua, con luz de neón, o con estrellitas dentro). Y en medio de tanta oscuridad aparece otro hombre: Santiago (Tito Junco), seguido por un séquito de mariachis que cantan la única ranchera que se oye en la película; este hombre será también parte de la desgracia y salvación de Violeta cuando acude a él en busca de ayuda y se convierte en la bailarina estrella de la Máquina Loca.

2. Hay en la película secuencias que nos muestran la realidad de lo que sucedía en las calles del centro y alrededores por esa época; cuando Rodolfo sale del Changoo se cruza con una prostituta francesa, a la que según él enseña como caminar con gracia. Las francesas eran, en los años de la post guerra, mujeres que llegaron de Europa, se vieron orilladas a ejercer la prostitución, fueron mal vistas, ya que solían acaparar la clientela y luego desaparecieron de las calles aunque eso no quiere decir que se hayan retirado.

Otra secuencia importante es la de Poncianito, el hijo de Rosa, vagando frente al edificio de La Nacional, pensando cómo va a hacer para comprar el regalo para Violeta, su mama adoptiva, ahí vemos el reflejo del Palacio de Bellas Artes, el barullo de los vendedores, el trajín de la gente y ese movimiento que hace de ésta una de las zonas mas vivas de la ciudad: donde en la actualidad podemos encontrar libros, discos, películas, programas para computadora, ropa y un sin fin de mercancías a pie de calle.

Pero la escena que ha hecho esta película inolvidable es la de Violeta cuando llega a buscar a Santiago: la vemos caminar sobre el puente de Nonoalco, envuelta en el humo de los trenes, el humo del progreso y con la criatura bajo el reboso. Los trenes entran y salen de la estación; sin duda ésta es una de las secuencias mejor logradas de Gabriel Figueroa, quien se hizo cargo de la fotografía de la película y eternizo y capto la realidad de México.

3. Pero no todo puede ser alegrías para Violeta que ha encontrado padre para el niño y un lugar para trabajar. Un día de repente aparece Rodolfo y ella por defender a su hijo (Poncianito) va a parar a la cárcel y el niño acaba en la calle, vendiendo periódicos y yendo a refugiarse en el Monumento a la Madre, en avenida Insurgentes cuando echa de menos a la madre postiza.

La película tiene todos los elementos para ser una tragedia, pero siempre se esquivan los obstáculos, haciendo del final el más feliz que se pueda imaginar: se oye una voz que da la moraleja de la historia mientras Violeta, se va a cumplir como madre, con su hijo de la mano para iniciar una nueva vida, y como la cereza del pastel aparece en la última toma un tren, otra vez esa imagen del progreso que irrumpe en la vida nacional, pero que pasa de largo.

 

Segunda función: Sensualidad (1951)
Dirección: Alberto Gout

1. La cabaretera Aurora Ruiz (Ninón Sevilla) es condenada por el juez Alejandro Luque (Fernando Soler) a dos años y un día de prisión por el delito de robo. Ella es manejada por El Rizos (Rodolfo Acosta), un padrote, que cuando se le acusa de ser el responsable del delito de Aurora se defiende diciendo que no tiene la culpa de que las mujeres se vuelvan locas con él.

Un año y medio después, cuando Aurora sale de la cárcel gracias a su buena conducta va a buscar a El Rizos, quien le dice que ya le tiene un trabajito; y de ese modo Aurora vuelve a hacer lo que mejor le sale, bailar, contonearse entre los clientes, provocarlos con su belleza y sobre todo aprovecharse de ellos. Una noche, luego que Aurora se niega a participar en uno de los negocios del Rizos este la golpea en la calle, alarmado por los gritos acude un transeúnte, el juez Alejandro Luque, quien la salva de las agresiones del cinturita y la acompaña hasta su casa: un cuarto en una vecindad. Aurora empieza a desplegar sus artes de seducción, se desnuda delante del juez, y derramando sensualidad lo invita a que venga a visitarla cuando quiera.

La mañana siguiente a este encuentro mientras el juez desayuna con su hijo Raúl (Rubén Rojo) y su esposa, Eulalia (Andrea Palma, la famosa mujer del puerto), el se niega a asistir a la reunión familiar que tenían planeada y le habla a su esposa de una manera que ella nunca había oído. Mas tarde, arrepentido de habar tratado de mala manera a su esposa le llama y queda con ella en Bellas Artes, pero mientras él se prepara para ir al encuentro de su esposa el teléfono suena y es Aurora que quiere verlo. Alejandro se va con Aurora y a partir de ahí se deja llevar por sus deseos, cansado de treinta años de matrimonio, treinta años de rutina y monotonía.

Un día, el juez se arrepiente de su infidelidad y pide perdón a su esposa; ella, abnegada y, mas que nada por no estar sola, lo perdona. Pero la fidelidad no durará mucho, Alejandro volverá a buscar a Aurora, a rogarle, a pedirle que se fugue con él; ella lo humilla y lo hace convertirse en un criminal.

Una noche luego de haber ido a buscar a Aurora, el juez camina por las calles vacías del centro, por el barrio de San Miguel, camina sabiéndose perseguido y también culpable por el robo que ha cometido. El Rizos lo ataca robándole el dinero (ladrón que roba a ladrón) que Alejandro había robado del despacho judicial. A partir de ahí todo será una cacería de gatos y ratones, todos tratando de culpar a los demás valiéndose de toda clase de artimañas: Eulalia, se humilla y va a buscar a Aurora para rogarle que vaya a visitar a su marido en el sanatorio y de esa manera el tendrá ganas de vivir y ella recuperara al hombre que quiere. Aurora accede, y a cambio (bailarina como Salome) pide a Eulalia que sea su hijo quien la acompañe en el hospital. Aurora intenta seducir a Raúl, pero Raúl tiene también un plan para atrapar a Aurora.

Luego de la visita de Aurora al hospital Alejandro le pide el divorcio a su esposa, y esta antes que estar sola prefiere estar muerta, y en efecto, se muere y sin saber del delito que su esposo había cometido.

2. Aurora baila en el Savoy, un salón de baile por la calle de Bolívar. Ella se sube a la barra, inventa números, canta y sobre todo, seduce a la clientela. Nosotros creemos que ese lugar donde Ninón Sevilla baila números montados por ella y Jorge Harrison es el Savoy: uno de los pocos cabarets que aun permanecen en la ciudad de México, pero no es así, todo es ilusión, todo es cartón piedra, un decorado de los estudios Churubusco que nos deslumbra y hace sentir que estamos viendo un cabaret de antaño en el centro, un cabaret donde disfrutamos viendo a las parejas que bailan danzones, mambos, cha cha cha y hasta sambas.

El cantante del cabaret es puertorriqueño Bobby Capó (1922-1989), autor de Piel canela, que acompañado de la orquesta de los Ángeles del Infierno canta el tema de la película y otros mas para animar a los habituales y a nosotros los espectadores. Y así, entre canciones, bailes y el humo del tabaco, que como parte de la escenografía en las películas de este genero y otros tantos se fuma en cantidades descomunales, la película nos muestra la vida de una ciudad que era más alegre y llena de vida nocturna; ciudad que encendía las luces y dejaba correr la alegría por el barrio de San Miguel y se iba hacia el norte por San Juan de Letrán hasta llegar a Garibaldi: lugar donde se lloran los amores, donde se cantan las penas; ciudad que se llenaba con la algarabía de los noctámbulos; pero sobre todo, ciudad llena de la sensualidad de Ninón Sevilla.