El Zapatero Remendón

Todos los barrios tuvieron, todavía no hace muchos años, su taller de compostura de calzados, con el “Zapatero Remendón” como se le llamó popular y cariñosamente. Me acuerdo de uno que había en el barrio de la Lagunilla allá por los años 60, donde, además de reparar los zapatos, se especializaba en forrar las zapatillas de la misma tela del vestido que se usaría en la fiesta. Se llamaba Don Manuel y tenía su pequeño taller en la calle de Libertad, todo el tiempo tenía encendido el radio en la misma estación; “el fonógrafo, música ligada a tu recuerdo…”, siempre tenía en la boca un cigarrito de los llamados “Faros” que movía de un lado a otro mientras daba los pormenores de la canción que estaba pasando; quien era el autor, quien la estaba cantando, si había sido popular...

lSu esposa, doña María, simpática y muy platicadora lo ayudaba en las tareas, se ocupaba de poner los zapatos en la horma, daba la última “boleada” antes de entregar los zapatos ya arreglados, hacia las notas y cobraba. Hace ya varios años que el local cerró, las planchas brillantes de cuero para las suelas desaparecieron y el viejo radio de bulbos dejo de sonar. Dicen los vecinos que la esposa de Don Manuel murió y que él, de tristeza, se fue tras ella pocos meses después. Hoy en su lugar hay una tienda de productos chinos.

El trabajo en este tipo de locales, cada vez más raros de encontrar, ha sufrido una fuerte caída con respecto a otros tiempos, sin embargo todavía hay quien conserva el oficio donde la media suela sigue siendo la protagonista aunque le siguen de cerca los tacones de goma para hombres y las tapitas para los tacones del calzado femenino.

kñEn la calle de Cuba sobrevive uno de ellos donde el olor a cuero y a las ceras para el lustre se percibe desde el exterior, una máquina para pulir los bordes de las suelas, y para dar lustre preside las instalaciones, atestadas de zapatos viejos, de bolas, de botas de frascos de tintas y de planchas de suela.

“Aquí también arreglamos pelotas de fútbol, carteras, cinturones, bolsos y valijas y todo tipo de zapatos”, anuncia un pequeño letrero pegado por el interior de la diminuta vitrina.

La llegada de los zapatos chinos fabricados de plástico, prácticamente de usar y tirar, está acabando con este oficio tan común todavía hace pocos años. ¿Quién no recuerda al zapatero remendón sentado en un pequeño banquito a la entrada de algún edificio, con un montón de zapatos a un lado esperando para ser reparados, y más tarde ver todos los zapatos formados en fila, luciendo reparados, brillantes y renovados esperando ser recuperados por sus dueños?

Este oficio y muchas otras imágenes más. dentro de pocos años, desafortunadamente, formarán parte de la historia de la vida cotidiana de la Ciudad de México.