LA PALESTINA

FUNDADA EN 1884

Esta negociación se ubica, desde hace 125 años, en la calle de 5 de mayo. Su especialidad es vender productos de piel, de ahí el nombre de talabartería. Tiene en su haber, además de haber sido visitada por dos de los caudillos revolucionarios mexicanos más importantes; Zapata y Villa, el conservar en su fachada el único testimonio que da fe de la importancia que tenían los caballos como transporte en otros tiempos.

aNos referimos al hermoso barandal de bronce decorado con cabezas y patas de caballos que, a su vez, tienen forma de hipocampo y que sirvieron en su momento, para amarrar los caballos mientras sus dueños entraban a comprar sus sillas de montar, cinturones, espuelas, fuetes y todos aquellos artículos necesarios para el arte de la charrería o cuando tenían que acudir a alguna diligencia en esa zona de la ciudad, como fue el caso de Zapata y Villa que, se dice, dejaron amarrados su caballos mientras se reunían a discutir importantes temas relacionados con causas agrarias y populares en Palacio Nacional. “Esos barandales son los originales donde Emiliano Zapata y Pancho Villa llegaron a amarrar sus caballos”, cuenta Bernardo Montiel, uno de los dueños de la tienda.

El barandal único en la ciudad actualmente forma parte del patrimonio del Centro Histórico sin embargo, a principios de los noventas desaparecio “misteriosamente” para aparecer 4 años después sirviendo de descanso para los pies en la barra de una cantina en Cuernavaca. Este hecho insólito se dio cuando Don Antonio Blanco, en ese momento propietario de la tienda, la vendió a un sobrino suyo quien, ignorando el valor histórico de la tienda, los retira y los vende. Bernardo Montiel es quien los recupera y los vuelve a instalar en su lugar original.

aaEl aparador principal presenta un espectáculo que hace difícil no voltear a verlo; se trata de un caballo de tamaño real y que es el que modela las sillas de montar que se venden en la tienda.

“A los niños les impresiona mucho un caballo en el aparador. Creo que es el único negocio en la Ciudad de México que cuenta con un caballo en el aparador de tamaño y pelaje real”, expresó Montiel.

La talabartería –curtido y manejo de la piel para objetos usados en la monta de caballos– fue traída a la ciudad por Juan Rosales, fundador de La Palestina, tienda que con el paso de los años, y de cuatro dueños, ha visto el centro transformarse.

Con el cambio de los equinos por el automóvil, la talabartería dio paso a la marroquinería. Las sillas de montar cedieron su lugar a portafolios, bolsas, chamarras, carteras, cinturones y otros artículos de piel.

Sin embargo, 125 años de existencia significan recuerdos e historias, que los actuales dueños se han dado a la tarea de recopilar para tener un archivo histórico de la tienda que no deja que los caballos desaparezcan del Centro Histórico.

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