Una singular y valiente

aDEFENSA DE LA CIUDAD

En la ciudad de México, la llegada de las tropas invasoras norteamericanas en septiembre de 1847, trajo confusión, miedo, y deseos de venganza por parte de la población de la ciudad de México, la cual, tuvo que soportar la humillación de ver ondear una bandera extranjera en el asta bandera de Palacio Nacional ya que nunca había sufrido una invasión por parte de un país extranjero.

Los habitantes de la capital también tuvieron que adaptarse a las circunstancias del momento y tolerar al enemigo hasta en su propia casa, por lo que algunos de ellos decidieron aprovechar la coyuntura y sacar beneficios de lo sucedido a través de la venta de productos solicitados por el invasor, era la única forma que tenían muchos comerciantes de sobrevivir.

Ante la inminente entrada de las tropas invasoras a la capital, el ayuntamiento decidió tomar medidas para el resguardo de sus habitantes. La ciudad se preocupó por resguardar víveres, casas y comercios. El 24 de agosto de 1847 el, en ese entonces, gobernador del Distrito Federal, José María Tornel, pidió a sus regidores le confirmaran si cada manzana se encontraba abastecida de provisiones, forraje, agua y policía, además expuso su preocupación porque el precio de los víveres no fuera alterado y por evitar que hubiera “reuniones de gente en las vinaterías, pulquerías y otros lugares que eran, comúnmente, de escándalo”, fue asi como desde entonces se puso principal interés en vigilar esos establecimientos.

Algunos regidores enviaron informes al gobierno central acompañados de listas que contenían la ubicación de este tipo de locales comerciales.

Los datos enviados por los regidores indican que había cuatro vinaterías, siete pulquerías y veintiún tendajones en diversas calles de la ciudad, algunas se ubicaban a las afueras y otras muchas más cercanas a la Plaza Mayor. Unos establecimientos estaban ubicados en calles como Don Tiburcio, otros cercanos a la Alameda o a plazuelas.

aPor su parte, los propietarios no solo eran hombres sino que también había nueve mujeres, ejemplo de ellos eran Rosario Oronzón, Rafaela Domínguez o una tal Margarita que tenía su tendajon en la 1ª calle de Peralvillo. Por lo visto, un porcentaje aceptable de mujeres se dedicaron al comercio de licor. También es curioso que se haya dado a conocer el nombre de un tendajon llamado ”San Antonio de los Pobres”, localizado en la misma calle donde se encontraba el expendio de Margarita.

Dentro de las listas de los archivos encontramos que tanto vinaterías como pulquerías fueron exclusivamente propiedad masculina; allí tenemos a don Luis Romero que era dueño de una tienda vinatería en la calle de la Cerbatana No. 39 o al Sr. Suárez encargado de una pulquería en la Plazuela del Árbol No. 9. Muchos fueron los locales que continuaron abiertos durante la guerra de 1847 y, muchos más, por encontrarse en la clandestinidad se han perdido en el anonimato. Aunque no podemos saber con certeza cuántos lugares de vicio se establecieron en la ciudad de México en los años en que los yanquis tenían dominado el territorio nacional, sí contamos con unos cuantos datos que nos hablan de las necesidades económicas que sufrían los habitantes de esta capital.

En tiempos de guerra algunos comerciantes aprovecharon las circunstancias para vender licores, pulques y aguardientes nacionales y extranjeros, mucho de ese alcohol fue comprado por mujeres de las llamadas en ese tiempo “Gallas” que lo usaban para seducir y emborrachar a los soldados norteamericanos para después entregarlos a las tropas mexicanas.

Así fue como un puñado de valientes prostitutas mexicanas organizaron una singular y arriesgada defensa de la ciudad, valiéndose del uso de bebidas alcoholicas…