MANUEL RODRÍGUEZ LOZANO

aPensamiento y pintura
1922-1958


Exposición en el Museo Nacional de Arte
Tacuba 8, Centro Histórico

Con el cumplimiento de los 40 años del fallecimiento de Manuel Rodríguez Lozano, el Museo Nacional de Arte, después de un trabajo de investigación y documentación durante un año, logra una revisión exhaustiva del trabajo y aportaciones de este personaje al arte nacional.

aLa exposición Pensamiento y pintura, 1922 –1958, dividida en cuatro espacios temáticos, muestra la trayectoria artística del pintor y el pensador, subrayando sus facetas más productivas. Es en el marco de esta ruta como se logra un dialogo con obras de sus alumnos Abraham Ángel, Ignacio Nieves Beltrán (Nefero), Ángel Torres Jaramillo (Tebo), Julio Castellanos, Francisco Zúñiga y Antonio Reynoso, sin omitir sus reflexiones contenidas en Pensamiento y pintura, texto redactado por Rodríguez Lozano y que alberga una revisión del arte mexicano de su época.

Con una aproximación a La mirada colosal da comienzo el tránsito por la llamada “época monumental” del artista, que va de 1930 a 1939. Este periodo se distingue por la creación de colosales figuras humanas desnudas, de notable expresividad, sensualidad y, a menudo, de indefinición sexual. Las escenas de parejas, con el matiz del mar de fondo; como en el caso del óleo Amantes de la playa, de 1937, permiten crear espacios reducidos y exaltar su volumen casi escultórico. En este conjunto de obras, de gran formato y acotado dibujo, son imprescindibles igualmente cuadros que parecen evocar la pintura neoclásica de Picasso.

aEl siguiente núcleo, titulado Un fauvismo mexicanista, permite mostrar los trabajos tempranos de Manuel Rodríguez Lozano, logrados a partir de la década de 1920. En ellos se muestran composiciones con recursos “fauvistas”, haciendo un uso desbordado del color, y prescindiendo de la perspectiva, con la finalidad de lograr una simplificación de las formas. Es en este grupo de obras donde más se identifican referencias a las Escuelas de Pintura al Aire Libre y al Método de dibujo creado por Adolfo Best Maugard; ejemplo de ello es sin duda alguna el óleo Paisaje tropical, de 1922.

En el recorrido se han colocado además los retratos de algunos de los personajes del grupo conocido como los Contemporáneos, ya que la actividad de sus agremiados es muy importante para conocer el ambiente cultural de México en la primera mitad del siglo XX. Salvador Novo, Xavier Villaurrutia, Manuel Rodríguez Lozano, Jaime Torres Bodet son sólo algunos de los nombres que se pueden mencionar, sin embargo destaca sobre todos ellos la figura y la actividad de Antonieta Rivas Mercado, a quien éste último hizo un retrato póstumo.

aAdemás de los espacios mencionados, le exhibición ha diseñado una sala titulada Un país luminoso, donde el discurso plástico y literario de Rodríguez Lozano proyecta una gran admiración y apego a lo mexicano, ejemplificado en la obra El chismoso, de 1927. En esos años, la pintura de Rodríguez Lozano emplea asuntos populares y religiosos, con un estilo que configura a partir de su admiración por los exvotos y retablos mexicanos.

En el conjunto de este espacio temátrico se exhibe parte de la serie de los tableros de Santa Ana muerta en pequeño formato, realizada entre los años de 1932 y 1933 para decorar la residencia de Francisco Sergio Iturbe; un bello e impactante edificio novohispano ubicado en la calle de Isabel la Católica número 30 en el centro de la ciudad. El formato pequeño y apaisado siguió la tradición artística popular mexicana de los exvotos pintados o milagritos. Este apartado reúne las obras más importantes del pintor, donde podemos apreciar las figuras estilizadas, casi oníricas, y también la utilización de una gama cromática fría (azules y blancos).

aEl último de los ámbitos histórico-artísticos mostrados en la exposición es denominado El silencio y la tragedia, con la finalidad de mostrar una serie de obras que refieren a la “época blanca” del pintor. Con obras como La piedad en el desierto, mural realizado en la Penitenciaría de Lecumberri en 1942, se da por consolidada una época que muestra un conjunto de pinturas de escenas trágicas: generalmente mujeres con rebozos, con rostros de gélida plasticidad en escenarios desolados, nostálgicos. En este grupo se inscribe  El holocausto, mural pintado en 1944 para la casa de Francisco Sergio Iturbe, donde el autor hace uso predominante del blanco y los colores fríos en planos oscuros, proyectando un dramatismo, que según Rodríguez Lozano refería a nuestro país, que consideró mágico y luminoso.

Nacido, probablemente, el 4 de diciembre de 1894, el pintor Manuel Rodríguez Lozano es considerado, por su trascendencia, como uno de los grandes maestros del arte mexicano del siglo XX. Sus años de estudio en París le permitieron involucrarse con la revolución estética europea. Con ello logró distinguir sus ideales, y en consecuencia emprender una actividad artrítica que intentaba desentrañar el alma mexicana a través de una brillante expresión realista, sintética y decorativa. Maestro de Abraham Ángel, Julio Castellanos, Antonio Reynoso, Tebo, Nefero y Francisco Zúñiga, entre otros, Rodríguez Lozano encarna un personaje central en el desarrollo de la historia del arte mexicano, no solamente por haber fungido como director de la Escuela Nacional de Artes Plásticas (UNAM), sino por su encarcelamiento, en 1941, en la Penitenciaría del distrito Federal, acusado de ser responsable del extravío de algunos grabados europeos de la colección de la entonces Escuela Nacional de Bellas Artes.

Sin duda Rodríguez Lozano fue estructurando un mundo para liberar dentro de su espacio, al hombre que llevaba dentro, empleando símbolos mexicanos que son universales, precisamente por lo original de su formas y porque comunican un sentido trascendente de la existencia.