El Edificio de la Acordada

Imponente y sombrío por su aspecto, se levantaba, hasta mediados del siglo XIX, un edificio de pesada arquitectura, que traía a la mente de las personas curiosas y observadoras, el recuerdo del célebre Tribunal de la Acordada, donde, una vez extinguido el terrible tribunal existió por mucho tiempo una prisión de la que salieron para el patíbulo miles de delincuentes que habían sembrado de terror y espanto a la ciudad.

aEl edificio estuvo situado muy cerca de lo que fuera el Paseo de Bucareli, su fachada principal, sin arte ni belleza alguna y que solo ostentaba una serie de ventanas y balcones largos y angostos, un zaguán ancho y elevado y dos lápidas embutidas que mostraban unas octavas que compuso expresamente para el edificio el respetable sacerdote del moratorio de San Felipe Neri; Don José Rincón que decían:

“Aquí en duras prisiones yace el vicio,
Víctima a los suplicios destinada;
Y aquí, a pesar del fraude y artificio;
Resulta la verdad averiguada.

Pasajero: respeta este edificio,
Y procura evitar su triste entrada,
Pues cerrada una vez su dura puerta,
Solo para el suplicio se halla abierta”