Las Jarcierías del Centro

En la antigua ciudad de México, existió un callejón llamado de mecateros (hoy 1ª. de cinco de mayo) donde se vendían aquellos productos elaborados con fibra natural

¿Cuántas creencias existen en México en torno a la limpieza? En algunas regiones se cree que si se barren los pies de otra persona, ésta se “casará con un viudo”. Se piensa también que colocando la escoba detrás de la puerta, una visita inesperada o incómoda se marchará pronto.

jatLa mayoría de los comerciantes del Centro Histórico de la ciudad de México suelen limpiar el local y la banqueta antes de iniciar sus actividades, costumbre que se remonta a aquellas disposiciones dieciochescas que el virrey, segundo conde de Revillagigedo, implementó en la segunda mitad de aquel siglo con el ímpetu de que la ciudad mejorara sus hábitos de higiene. Otra costumbre propia del comercio al ver la poca afluencia de clientela es rociar con agua azucarada la puerta del establecimiento.

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¿Y qué decir de frases que incumben a la limpieza o sus productos característicos en el imaginario popular? como: “sáquese a bañar”, “sacar los trapitos al sol”, “me voy a hacer una limpia”, “tener pelos de estropajo”, “tener la conciencia limpia” y hasta la canción de “la muñeca fea” de nuestro inolvidable Gabilondo Soler cri-cri que reza en una parte: “te quiere la escoba y el recogedor…”.

En la antigua ciudad de México, existió un callejón llamado de mecateros (hoy 1ª. de cinco de mayo) donde se vendían aquellos productos elaborados con fibra natural y una plaza por el barrio de la lagunilla que antaño se llamó “del tequesquite”, piedra mineral salitrosa propia de los lagos de la antigua cuenca de México que es usada para limpiar pero también para cocinar.

La limpieza se ha considerado fundamental en los episodios más significativos de la ciudad. Uno de ellos se dio cuando los españoles quedaron admirados de los usos y costumbres de los antiguos mexicas respecto a su higiene, tanto que les hicieron exclamar “estos indios son tan sucios que a veces se bañan hasta tres veces por día”…

Descubrir el universo de la limpieza y su tradición en la ciudad de hoy representa toda una experiencia, basta adentrarse al antiguo barrio de Teopan, llamado después de la conquista “San Pablo” conocido en la vida novohispana también con el nombre de “los curtidores”. Es en este populoso barrio donde hoy se pueden encontrar aún una buena cantidad de establecimientos dedicados a la venta de todo tipo de artículos de limpieza, tanto personal como para casas, oficinas y otro tipo de establecimiento; dato curioso es que durante los siglos XVIII y XIX fue en este barrio donde habitaron aquellos que desempeñaban el oficio más desagradable de cuantos había en la capital, este oficio era conocido como el “pipero”.

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Era característico de este personaje recorrer las calles con su pipa y una mulita que llevaba a cuestas un enorme barril de madera donde se depositaba el contenido de las “nicas” o bacinas que salían de los hogares en manos de los mozos después de haber sido utilizadas ¿para que se imagina que era la pipa?

En las vetustas calles de Topacio, Santo Tomás (ex puente de santo Tomás), Roldán, Carretones y Jesús María hay todo tipo de expendios que en sus artículos y manera de exhibir evocan aquella noble ciudad de acequias, canales, puentes y trajineras.

En las jarcierías de la zona, se pueden adquirir todo tipo de implementos tradicionales y modernos para este fin. Estropajos, zacates, cuerdas, lazos, mecates, petates, costales, mantas, cepillos, escobetas, escobas de palo y popotillo, plumeros (de todos tamaños), limpiones, jergas, cubetas, botes de basura, carritos para mandado, fibras (vegetales, de plástico y metálicas), piedra y polvo de pomex, sosa, delantales, pinzas para tender la ropa, ganchos, garruchas de madera, jícaras tradicionales, bandejas de aluminio, madera y plástico, coladeras, canastas, jaladores, mechudos, además de jabones y detergentes sólidos, líquidos y en pasta, desinfectantes, naftalina, desengrasantes, ácido bórico, ácido oxálico, papel higiénico, cera, pino, jaulas para pajaritos, braceros, comales, aventadores y muchas cosas más.

Entre aquellos productos indígenas que se usaban desde época tenochca, aún se encuentra el multiusos conocido como tequesquite, utilizado en procesos culinarios para nixtamalizar o hervir el maíz parael pozole o ponerle un “tanto” a los nopales para conservar el “verdor” y aminorar la baba; en asuntos de limpieza, se solía blanquear la ropa o lavarse el cabello, disolviéndolo en agua y aplicándolo como shampoo; el xixi, fibra utilizada como jabón y zacate a la vez que no sólo se usa para la limpieza corporal, además como limpiador y pulidor de monedas y metales.

Acercarnos a estos espacios patrimoniales de tradición y comercio sin duda ennoblece nuestra relación con la ciudad que habitamos y refuerza nuestra identidad en una experiencia que va más allá de lo comercial. Visitar la zona de san Pablo nos hace redescubrir aquel generoso barrio en el que según cita de Alfonso Caso en su libro “El Pueblo del sol” pudo haber sido fundada la Gran México- Tenochtitlán.

Allí, donde antes la actividad barrial giraba en torno a la vida del extinto Canal de la Viga hoy no hay más trajineros o “paleros”, ni casas reparadoras de canoas o músicos que amenizaban los viajes del paseo citado o los lagos de Chalco y Xochimilco; el asfalto desplazó al agua y la ciudad cambió cediendo su superficie a la rueda y de esto nos dan cuenta los expendios de bicicletas que predominan en la actual avenida que evoca a aquel viejo colegio agustino fundado por Fray Alonso de la Santa Veracruz en el siglo XVI con el nombre del santo apóstol.

De paso, usted puede conocer el bello templo de san Pablo, conocido hasta la primera mitad del siglo XX como “el nuevo”, debido a que fue construido a principios del siglo XIX bajo un proyecto del entonces director de arquitectura de la Academia de san Carlos; Antonio Gómez Fernández. El templo viejo aún se mantiene en pie y es parte del patrimonio de la Secretaria de Salud.

En este barrio se levantó, recién consumada nuestra Independencia, la primer Plaza de Toros monumental ¡de cantera! a la usanza de las mejores en España, allí, se han formado una buena cantidad de célebres médicos en el emblemático y benemérito Hospital Juárez, donde se dieron, durante los terremotos de 1985, prodigiosos milagros de sobrevivencia de un grupo de bebés.

Para terminar, comparto con ustedes la historia de una madre que angustiada ante el cuadro de salud de su hijo, acudió al templo de san Pablo y ante la imponente imagen de un sagrado Corazón de Jesús que ocupa el nicho principal del altar del templo de san Pablo y a usanza de las madres mexicas le dijo con lágrimas en los ojos:

-Señor, si en tus manos está llevarte a mi hijo ¡tómalo aquí te lo entrego! si no, si decides que viva, entonces ¡llevará tu nombre!
Ese niño, se salvó de una terrible infección estomacal a sus dos meses de edad y creció, se formó, hizo su primera comunión en el citado lugar y disfruta hasta ahora las benditas calles del Centro Histórico.

Así es que por esto y muchas cosas más, me honra invitarle a que venga a disfrutar de este escenario que en algunos de sus aspectos parece difícil, pero que aún así no deja de ser maravilloso. Haga su lista para adquirir productos de limpieza y probablemente de todo aquello incluya algo que no conocía, de ser así, no se alarme y recuerde que: Si en el Centro no lo encuentra… es porque todavía no se inventa…