Dedicatoria de la calle de Isabel la Católica

Como parte de las celebraciones del Centenario de la Independencia, el Ayuntamiento de la capital, por iniciativa de uno de uno de sus miembros, Don Francisco Montaño, decidió poner a varias de las calles mas céntricas de la ciudad, el nombre ilustre de la reina Doña Isabel la Católica, como un homenaje a la inolvidable soberana bajo cuya protección emprendió Cristóbal Colón el descubrimiento de América.

Las calles seleccionadas para cambiar de nombre fueron las llamadas de San José del Real, del Espíritu Santo, del Puente del Espíritu Santo, del Ángel, del Tercer Orden de San Agustín y de Alfaro, que a partir de ese momento se llamarían, como hasta nuestros días; Calle de Isabel La Católica. Para descubrir las placas que llevan el nombre de la reina, se organizo una ceremonia solemne presidida por el, entonces, presidente del Ayuntamiento, Don Fernando Pimentel y Fagoaga quien, en presencia del Cuerpo Diplomático Residente, de numerosos representantes de las instituciones y centros españoles de México, de distinguidos funcionarios y de la totalidad de los señores concejales, dio lectura a un emotivo discurso. La contestación a este discurso corrió a cargo del excelentísimo señor ministro de España, Don Bernardo J. de Cólogan y Cólogan y contó con alusiones llenas de cariño hacia México.

Los asistentes salieron del Salón de Cabildos del Palacio del Ayuntamiento, donde se llevó a cabo tan significativa ceremonia, y tomaron asiento en carruajes dispuestos para formar la comitiva que se dirigiría a la esquina de San José del Real y San Francisco, (Hoy Isabel la Católica y Madero) donde se encontraba la placa que aparecía cubierta con un velo de terciopelo rojo, con una corona real.

El Primer Ministro de España fue el encargado de develar la histórica placa entre los acordes de la marcha real, los repiques de las campanas de las iglesias cercanas y las vivas a España y a México que lanzaba el nutrido público allí reunido.

Después todos los invitados recorrieron en los citados carruajes las calles recién bautizadas y se detuvieron en el Casino Español, donde se sirvió un lunch y se pronunciaron expresivos brindis por parte del Presidente del Casino Español, del secretario de Relaciones Exteriores y del señor Embajador Norteamericano y los ministros de España y Cuba.

De esta manera cambiaron su nombre las calles que llevaran el nombre de diferentes Instituciones eclesiásticas y civiles de la que fuera la Nueva España para cambiarlo, como parte de las celebraciones de nuestra Independencia, por el de ¡una reina española!

Así fueron aquellos históricos festejos, de los que cien años después seguimos hablando…