Hablar del Centro Histórico y sus personajes, es hablar de la Patria

Centro Histórico, afirma Miguel León Portilla, el más autorizado de los investigadores de nuestra cultura prehispánica, en verdad impresionante, es el que integra el “altepetliyolo”, es decir, el corazón de la ciudad... Hablar del corazón de la Metrópoli, es también hablar de la Patria”.

Desde esta perspectiva, resulta de elemental justicia hablar, de los peregrinos de Aztlán y sus descendientes, creadores y forjadores de la grandeza de la Gran Tenochtitlan, porque ellos dieron vida a la isla en medio del lago donde se asienta lo que en nuestros días es el Centro Histórico y a partir del cual se ha escrito la historia de la nación mexicana.

En este sentido, es justo y necesario recordar, como personajes del Centro Histórico, entre otras destacadas figuras de la era precolombina, a los tlaltoanis, Tenoch, “el caudillo cacique”; Acamapichtli, “el jefe de las flechas”; Huitzilihuitl, “el colibrí”; Chimalpopoca, “escudo que humea”; Izcoatl, “víbora armada de pedernal”; Axayácatl, “cara de agua”; Ahuízotl, “perro de agua”; Moctezuma Xocoyótzin, “señor respetable, el más joven”; Cuitláhuac, “heroico señor” y Cuauhtémoc, “águila que ataca”.

Tenoch – afirma “Artes de México”, bajo la presidencia de Virgilio M. Galindo -, será el caudillo que pondrá los cimientos para que, en solo 100 años, se cree el imperio - época de Tizoc – más basto y fuerte de su tiempo en Mesoamérica; sus armas gobiernan y sojuzgan desde las llanuras áridas del norte hasta los tropicales climas de Nicaragua en Centroamérica.

“La etapa de Tenoch se inicia con la adopción al ambiente hostil de los ribereños, pidiéndoles cobijo, proponiéndoles sagaz alianza a los poderosos que desde tierra firme ven a esos desnudos isleños comer culebras, ranas y sacar lodo de la laguna para hacer más grande , sólida, su despreciable isleta.

“Tenoch tiene el secreto, saca el lodo para hacer un terreno firme donde pisen los suyos y los dioses tengan sus templos, el futuro le dará la razón; hace un país con tierra, lodo y coraje, un país que al andar del tiempo se llamará México y en donde, desde esa isla, corazón y nervio, se escribirá la historia hasta nuestros días, salpicada de hechos heroicos dignos de un gran país. México nace un día del Siglo XIV”

Acamapichtli, caudillo y gobernante
Acamapichtli, “el jefe de las flechas” está considerado como el forjador de la supervivencia de los peregrinos de Aztlán, en la isla que dio asiento a la Gran Tenochtitlan y por tanto, a la superficie donde ahora se asienta el Centro Histórico de la Ciudad de México. A la vez que cuida la laguna, contribuye desde su alto sitial a la construcción de templos, pirámides y a la configuración de la traza urbana de la capital azteca, se lanzó a la conquista de Xochimilco, Mixquic y Tláhuac, sitios que han permanecido a través de los siglos y llegan hasta nuestros días, como testimonio de la época prehispánica que sigue presente, pese a todos los cambios ocurridos por el expansionismo urbano en el Distrito Federal.

Huitzilíhuitl, hijo de Acamapichtli,consolidó lo obtenido por su padre. Durante su período de 1390 a 1410, fue entronizado Huitzilopochtli – dioscolibrí -, como dios de la guerra y a los guerreros del imperio azteca, se les consideró como “elegidos de los dioses”.

El culto a dicha deidad azteca era a título de que “protegía a los guerreros y sobre todo, porque los llevaba a la obtención de victorias. Independientemente del aspecto bélico de los aztecas, al paso de los años fueron conformando la ciudad que maravilló a Hernán Cortés, cuando después de trasponer lo más alto del paso entre los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl, se maravilló con el espectáculo de la gran urge que tenía a la vista, y de lo cual da cuenta en sus crónicas, Bernal Díaz del Castillo.

Chjimalpopoca, “El escudo que humea”, está considerado como “el primer mártir de los aztecas”, por el hecho de haberse ahorcado, en 1427, al comprobar que su pueblo no estaba preparado para liberarlo de la tutela del rey Maxtla, de Azcpotzalco.

Izcoatl y el Calendario azteca
Hijo de rey y esclavo, Izcoatl - “víbora armada de pedernal” -, encontró la fórmula para enfrentarse al poderío de Maxtla , consistente en aliarse
con otros pueblos para organizar un frente común. . Se dice que “envió emisarios a Tezcoco, al que Huitzilíhuitl conquistara, a esa ciudad de
Tlacopan cuya personalidad le hace resaltar entre las nacientes “ciudadesestados” y forma con ellas lo que ha pasado a la historia como “La Triple Alianza” Izcoatl tuvo a su disposición, un consejero de excepcionales cualidades, llamado Tlacaeletl, al que se considera una especie de “Fouché” que alcanzó la categoría de “poder detrás del trono” y sobrevivió hasta los tiempos de Moctezuma I. Izcoatl decide culminar lo que inició Huitzilíhutl, es decir, la conquista de Cuauhnáhuac, es decir, Cuernavaca.

En lo que se refiere al desarrollo arquitectónico en el corazón de la Gran Tenochtitlan, Axayácatl – “cara de agua” -, lleva a cabo importantes aportaciones, como lo es el hecho de la terminación del Templo Mayor, dedicado al dios de la guerra, Huitzilopochtli y al dios Tláloc. A la vez,
se dice de él que se rodeó de sabios toltecas , adopta deidades de los vecinos y ordena la elaboración del Calendario Azteca . Sus once años de reinado - 1469-1481 -, fueron fructíferos, período en que la cultura azteca hizo aportaciones y el poderío imperial era cosa indiscutible.

Personajes de lo que hoy es el Centro Histórico de la Ciudad de México, a nivel de tlatoanis, lo fueron también Moctezuma Xocoyótzin, Cuitláuac y Cuauhtémoc, a quienes les correspondió afrontar y enfrentarse a la presencia de los conquistadores de Hernán Cortes, quien, bajo las ruinas de la Gran Tenochtitlán, dipuso la traza de la ciudad virreinal que, bajo Alonso García Bravo, otro personajes del Centro Histórico, empezó a surgir la fisonomía de la “Ciudad de los Palacios” bautizada así por el escritor inglés, Charlos Latrobe, en su obra “The Rambler in México”.