El primer sitio de coches

TAXEntre las muchas cosas buenas que le debe la ciudad de México al inolvidable virrey Conde de Revillagigedo (1740- 1799), quien gobernara la Nueva España de 1789 a 1794, se cuenta la de haber establecido el primer sitio de coches de alquiler.

Fue un periodista, Don Manuel Antonio Valdez, impresor del gobierno virreinal, director de la “Gaceta de México”, a quien se le concedió el privilegio de establecer la primera casa de alquiler de coches y cupés decentes “situando algunos en parajes públicos para fletarlos solamente por horas a precios cómodos”. La concesión fue dada a conocer por Bando del Virrey el día 6 de agosto de 1798.

Además de las disposiciones que regían para los coches de Madrid, los coches de sitio de México debían sujetarse a un reglamento especial, del que extractamos los artículos siguientes:

“Los coches de provincia para servicio del público de México, deberán ser cerrados y decentes, como también las libreas de los cocheros: su fábrica será indiferente, por no haber tiempo competente para su construcción uniforme, por consultar a la brevedad: pero se procurará que lo estén en el color de las cajas, que serán verdes con guarnición amarilla, el juego encarnado y con su medallón en la espalda, en que se numeren comenzando desde el Num. 1 adelante, según se vayan estableciendo; con cuyos caracteres se sabrá fácilmente cual sea el responsable en todo acontecimiento. Las libreas serán casaca y calzón azul, chupín, collarín y vuelta encarnados, y en esta y el collarín y carteras de la casaca una franja matizada de varios colores”.

TAX“Se situaran diariamente dos de estos coches en la Calle del Portal de Mercaderes con inmediación a la esquina del Cartel de Comedias: dos en la Plazuela del Convento de Santo Domingo, dos en la Calle de Palacio Arzobispal y los dos restantes en la Casa del Despacho Principal, que es la número 12 de Zuleta. Se mantendrán preparados en los tres primeros sitios, mientras no estén fletados, desde las siete de la mañana hasta la una y desde las tres de la tarde hasta las nueve de la noche, y a esa hora, en las noches que fueren de Comedia, se reunirán los seis en la Plazuela del Colegio de las Niñas, hasta su conclusión, para que puedan conducir a sus casas a los que gusten”.

“Cuando por algún motivo extraordinario, como corridas de toros, que sea necesario reforzar el puesto más inmediato, o habilitar otro sitio, se procurará ejecutar participándolo al publico oportunamente.”

“Estos coches solo se tomaran por horas, a razón de cuatro reales por cada una (a menos que el tiempo que se necesiten sea tan corto que solo sea un cuarto o algo más); en este caso solo se pagaran dos reales, pero llegando a la media hora ya será su estipendio el de cuatro reales, seis por hora y media, ocho por dos horas y así progresivamente sin que alguno quede en libertad de prorratear el tiempo por cuartos de hora, pues cuando alguno ocupe el coche por hora y cuarto deberá pagar seis reales como si fuera hora y media y esto deberá entenderse sea de noche o de día, en tiempo sereno o de lluvias, pues el fin es que el público se sirva siempre con igualdad. Solo se alterara esta cuota en los viajes que se hagan concluida la Comedia, que serán cuatro reales por cada uno, aunque se haga en un cuarto de hora, debido a que por esta necesidad se han de mantener los coches desde las nueve de la noche en la plazuela asignada hasta la conclusión de estas funciones ya que en tiempo de lluvias, frecuentes en tales horas, será considerable el maltratamiento de los coches y libreas.”

TAX“Estarán obligados lo cocheros a advertir a las personas que tomen los coches, luego que los dejen, que inmediatamente los registren, para ver si en ellos se deja alguna cosa, pues con tal método quedara cerrada la puerta a todo reclamo que se haga tiempo después.”

sino por una, dos, tres o cuatro personas, no permitirán los cocheros que se excedan de este número y tampoco que en la saga (o como vulgarmente dicen, en la tablita) se conduzca gente alguna a menos que sea algún criado de los que lo hubieren fletado, lo que se les deberá advertir a los cocheros.”

“Por ningún motivo pedirán gratificación alguna los cocheros a las personas que los ocupen, aunque aleguen haberse mojado u otras incomodidades, pues con conocimiento de que esto no ha de faltar, se les asignaran los correspondientes salarios; pero si voluntariamente los quieren gratificar encantados de su porte y buen proceder, podrán asentir a ello: viviendo siempre entendidos, para que se manejen con la debida sumisión y cortesía,
que cuantos tomen los coches son por aquel tiempo sus verdaderos
amos.”

TAFEs curioso hacer notar que ya en ese tiempo como los tranvías eléctricos que existieron mucho tiempo después, los coches de sitio llevaban una pequeña arquilla de metal donde se introducían las monedas, importe del pasaje, según se puede ver en el siguiente artículo del reglamento.

“Cada cochero llevará numero competente de recibos impresos de horas y medias horas, que deberán entregar a los interesados al tiempo de contratarse, también llevaran una arquilla pequeña de metal, para que el mismo fletante (y no él) introduzca los reales que debe pagar. Encargándose a los sujetos que tomen los coches que de ninguna manera concurran a que este método se varíe; pues de que ellos introduzcan los valores por su mano en la expresada arquilla a la vista del cochero, y a que tomen de la de éste el correspondiente recibo, pende seguramente el arreglo en el punto más difícil.”

Resulta muy interesante ver como a finales del siglo XVIII, ya existía un reglamento que consideraba, el tamaño, color, las tarifas, el número de personas, el uniforme o vestimenta del chofer, los horarios y los lugares donde podían permanecer parados y, sobre todo, se hacía énfasis en cuanto al trato que los choferes debían tener para con la clientela, ¡que tiempos aquellos!

AL MARGEN DE LA HISTORIA
Migajas del Banquete de Clío
José de J. Núñez y Domínguez
Ediciones Botas, 1934