Santa Teresa la Antigua

santEste convento, también es conocido con el nombre de Santa Teresa de Jesús, pero que en realidad llevaba el título de San José de las Carmelitas Descalzas.

Debió su fundación al celo y perseverancia de dos monjas muy virtuosas y artistas: Sor Inés de la Cruz y Sor Mariana de la Encarnación, ambas concepcionistas que profesaran en el Real Convento de Jesús María quienes, siendo muy habilidosas en el arte de la música, habían regalado a su Ilustrísima Fray García Guerra, sexto arzobispo y después virrey, muchos ratos de solaz y divertimento escuchándolas tocar.

crisSe afirmaba que la primera, además de estas dotes, fue aficionada a la literatura; escribió la “Relación Original de la Fundación del Convento de Santa Teresa de San José de México” y “Noticias de la vida de la venerable mártir Marina de la Cruz”, cuyos manuscritos fueron conservados durante mucho tiempo hasta que fueron sustraídos de dicho convento, para ser vendidos en el extranjero ignorándose, hasta nuestros días, el nombre del criminal.

La solemne fundación de este monasterio tuvo lugar el 1º de marzo de 1616, en dos casas que fueron propiedad de don Juan Luis de Rivera, quien las cedió para ese fin, siendo arregladas de manera conveniente, y ocupadas por las religiosas el 3 de julio de 1615. Se nombró capellán al “muy ejemplarísimo sacerdote” don Francisco de Losa, quien duró ocho años en su cargo, hasta su muerte, acaecida el 27 de agosto de 1624 a la edad de ochenta y dos años. Don Francisco yace sepultado en la bóveda de dicho convento, y en su sepulcro se lee este epitafio: Hic yacent ossa venerabilis Losa. También los restos del célebre y venerable anacoreta, Gregorio López, maestro y compañero del Padre Losa, en su retiro de Santa Fe, estuvieron depositados en este convento durante algunos años, hasta que fueron llevados a la capilla del Santo Cristo de la Catedral, en donde actualmente reposan.

La primera iglesia se dispuso en unas salas bajas en la esquina de la calle donde está el convento, y la actual fue comenzada casi a la mitad del siglo XVII, a expensas del capitán o mercader de plata, don Esteban Molina de Mosqueira, quien puso desde los cimientos hasta su terminación. El Templo fue dedicado por don Francisco Aguiar y Seixas el 11 de septiembre de 1784.

staDe mucho prestigio y amparo disfrutó este monasterio, dispensados con razón, por las virtudes de sus monjas y la exacta observancia de sus reglas. La capilla anexa, que está al lado del Evangelio, inmediata al coro, llamada del Señor de Santa Teresa, fue construida y decorada por los eminentes artistas, don Antonio Velázquez, don Manuel Tolsá y don Rafael Jimeno, arquitecto, escultor y pintor respectivamente, colocándose la primera piedra el 17 de diciembre de 1798, quedando terminada el 17 de mayo de 1813, fecha en que fue dedicada por el arzobispo Bergoza y Jordán, instalandose en ella, al siguiente día, la milagrosa imagen del señor de Santa Teresa, llamado también Cristo de Ixmiquilpan o del Cardonal, que se renovó de modo sobrenatural el 19 de mayo de 1621 en la iglesia del Real y Minas del Plomo Pobre, cerca de Ixmiquilpan. En esta capilla fueron enterradas parte de las entrañas del general don Miguel Barragán, que en 1835 asumió la presidencia de la República

A causa del terrible temblor del 7 de abril de 1845, se cayó la cúpula y gran parte del ábside, perdiéndose por ello algunas magníficas pinturas de importantes artistas novohispanos. Efectuadas las reparaciones del caso, que duraron trece años, fue nuevamente bendecida la capilla el 7 de mayo de 1858, siendo autor de la cúpula –la más gallarda y más bella de la capital- el eminente arquitecto don Lorenzo de la Hidalga, y de las pinturas el renombrado artista don Juan Cordero.

jiEl convento ocupaba cuatro mil varas cuadradas, limitándolo al norte y oeste con las calles de su nombre (ahora Av. República de Guatemala y Lic. Verdad), al sur por la del Arzobispado (hoy calle de la Moneda) y al este por casas particulares. La comunidad poseía para su sostenimiento, veintiséis fincas que producían alrededor de catorce mil pesos mensuales.

Por algunos meses, este convento sirvió de prisión a la esclarecida dama, doña Josefa Ortiz de Domínguez, la que fue puesta en libertad, y recluida nuevamente en el de Santa Catalina de Sena.

Desde hace muchos años este suntuoso templo y la hermosa capilla, dejaron de estar dedicados al culto católico. En un principio estos bellos espacios fueron destinados para talleres de imprenta del Diario Oficial, órgano del Gobierno de los Estados Unidos Mexicanos, mas tarde se fundó el museo Ex Teresa, Arte Actual dedicado a manifestaciones artísticas de vanguardia, en un principio, tuvo gran actividad después, cayó en un letargo del que no ha salido.

Valdría mucho la pena recuperar este espacio para que todos los ciudadanos pudiéramos conocerlo y, sobre todo, disfrutarlo…