Francisco I. Madero

madPor: Carlos Mújica Suárez
Recinto de Homenaje a Don Benito Juárez

Francisco Ignacio Madero González nació el 30 de octubre de 1873, en Parras, Coahuila, en el seno de una acaudalada familia de agricultores de gran prosapia social y política en el noreste de México. Sus primeros estudios los hizo en la Compañía de Jesús en Saltillo y, posteriormente, en Maryland, Baltimore, Estados Unidos. Alguno de sus biógrafos sugiere que, tras su amarga experiencia educativa con los jesuitas, el joven Francisco decidió sustituir su nombre de Ignacio –en alusión al fundador de la Compañía de Jesús– por el de Indalecio.

Posteriormente viajó a Francia para continuar sus estudios. En París estudió en el Liceo Versalles y, más adelante, en la Escuela de Estudios Superiores de Comercio, donde se familiarizó con el pensamiento nacionalista y liberal francés. Por entonces, leyó con profunda avidez la literatura espiritista y asistió a varias sesiones. Descubrió que tenía facultades para ser médium y abrigó para siempre las creencias espiritistas.

En su afán por mejorar su formación como empresario agrícola, viajó en compañía de su hermano Gustavo a la Universidad de California, en Berkeley, para realizar estudios de agronomía.

Colmado de ideales progresistas y filantrópicos, Madero volvió a México en 1893 para ocuparse de los negocios familiares. Su padre le asignó una propiedad en San Pedro de las Colonias, en la región de La Laguna, donde pondría en práctica los conocimientos obtenidos en Francia y Estados Unidos. Al mismo tiempo que implementaba modernos proyectos agrícolas, como introducir el cultivo del algodón americano en la zona baja del Río Nazas y colaborar en la construcción de una represa para aprovechar las aguas del mismo río, realizaba obras de beneficio social para los campesinos; entre otras, la creación de un comedor público, un hospital y una escuela de comercio. Incluso, adquirió conocimientos de homeopatía, gracias a los cuales prescribió recetas a los trabajadores de su hacienda y a familiares.

La oportunidad de entrar a la arena política se presentó en los comicios para la gubernatura del estado de Coahuila, a fines de 1904. Para la campaña fundó, con amigos y parientes, el club democrático “Benito Juárez”; sin embargo, el candidato oficial se impuso por la fuerza en las elecciones. Madero no se desanimó y esperó un momento más favorable para volver a la competencia política.

Esta vez a nivel nacional, como fundador del Partido Antirreeleccionista, el cual lo llevaría, en 1910, a contender por la presidencia de la República en contra de Porfirio Díaz.

MAD3MAD2Dos años antes, el presidente Porfirio Díaz había manifestado –en la memorable entrevista que diera al periodista norteamericano James Creelman– que México ya se encontraba maduro para la democracia y que veía con gusto la formación de partidos políticos, en vista de las elecciones de 1910. Nadie, salvo Francisco I. Madero, creyó a pie juntillas lo expresado por Díaz. En diciembre de 1908 publicó La sucesión presidencial en 1910 e inició un largo periplo por el país para atraer adhesiones a la causa democrática y enfrentar, así, al régimen del longevo general que se negaba a dejar la presidencia.

A pesar de la campaña exitosa de Francisco I. Madero, Porfirio Díaz impidió una elección democrática y se enquistó de nueva cuenta en la silla presidencial. La lucha armada fue el último recurso que Madero empleó: mediante el Plan de San Luis llamó al pueblo de México a tomar las armas el 20 de noviembre de 1910, a las seis de la tarde, a fin de rescatar sus derechos políticos.

La respuesta al llamado revolucionario de Madero se inició con unas cuantas escaramuzas al norte del país. Sin embargo, encendió la chispa que pronto prendería en el resto del país la revolución anunciada. Bajo el mando de Madero, las fuerzas rebeldes –encabezadas por Pascual Orozco y Francisco Villa– lograron, el 10 de mayo de 1911, en Ciudad Juárez, Chihuahua, la victoria definitiva sobre las tropas federales comandadas por el general Juan Navarro. Para entonces, la mayor parte del territorio nacional estaba ya bajo control de los revolucionarios. Los arreglos de paz iniciados desde marzo pasado tuvieron como corolario los tratados de Ciudad Juárez, firmados el 21 de mayo de 1911.
Éstos disponían, entre sus puntos principales, la renuncia de Porfirio Díaz y Ramón Corral a la presidencia y vicepresidencia del país, respectivamente, y el nombramiento de Francisco León de la Barra como presidente interino, quien debía convocar a elecciones generales y promover el licenciamiento de las tropas revolucionarias.

El 26 de mayo, Madero dirigió un manifiesto al pueblo de México para exhortarlo a reconocer el gobierno interino y a comunicarle su propósito de colaborar con éste.

MAD4Conforme a lo pactado, el proceso electoral convocado por León de la Barra hizo presidente de la República a Francisco I. Madero, el 6 de noviembre de 1911. En sus quince meses de gobierno, Madero trató de reconciliar a los mexicanos e intentó devolverles sus libertades políticas. Sin embargo, su gobierno nunca tuvo solidez y, desde un comienzo, se hizo de grandes adversarios. El problema agrario lo llevó a enfrentarse con Zapata, quien ya había suscrito el Plan de Ayala, y los zapatistas desconocieron a Madero como líder de la Revolución. En 1912, comenzaron las rebeliones armadas contra el gobierno –entre ellas la de Pascual Orozco–, además de huelgas, intrigas y conspiraciones. El presidente no supo manejar la situación y senadores, terratenientes y extranjeros se opusieron a sus políticas. Todo ello generó gran desconfianza en la opinión pública e, incluso, el presidente de Estados Unidos William Taft atacó y amenazó al gobierno por medio del embajador Henry Lane Wilson.

El mundo que Madero imaginaba estaba lejos de ser real. Sus propias limitaciones, sus fallas en la integración de los grupos que apoyaron su lucha, dejaron un campo fértil para su derrocamiento en uno de los momentos más tristes de nuestra historia: La Decena Trágica. En febrero de 1913, los generales Félix Díaz y Bernardo Reyes se apoderaron de Palacio Nacional para hacerse del gobierno, pero casi enseguida fuerzas leales, comandadas por el general Lauro Villar, recobraron el control del edificio y se apostaron en él para defenderlo.

Al enterarse de los sucesos, Madero salió del Castillo de Chapultepec rumbo a Palacio escoltado por la guardia presidencial y los cadetes del Colegio Militar para imponer el orden legal. En tanto el presidente organizaba la defensa, los rebeldes se pertrecharon en la Ciudadela y comenzó un intenso bombardeo entre ambas fortificaciones. Finalmente, tras una semana de combates, Francisco I. Madero fue detenido en el Salón de Acuerdos de Palacio Nacional por el ejército golpista y encerrado junto con José María Pino Suárez y el general Felipe Ángeles en la Intendencia ubicada en el Patio de Honor.

La noche del 22 de febrero de 1913, el presidente Madero y el vicepresidente Pino Suárez fueron conducidos a la penitenciaría de Lecumberri y asesinados a mansalva por sus captores. El 24 de febrero el cadáver del ex presidente Madero fue entregado a sus familiares y sepultado en el Panteón Francés de la Ciudad de México.

Actualmente, sus restos yacen en el Monumento a la Revolución.

Telegrama:
Ciudad de México, febrero 19 de 1913

A su Excelencia el C. Presidente de los Estados Unidos, William Howard Taft.
Washington, D. C.

Tengo el honor de notificar que he derrocado este gobierno.
Las fuerzas están conmigo, y desde hoy en adelante reinarán la paz y la prosperidad.

Su obediente servidor.
Victoriano Huerta