La Esquina de la Cruz Verde

Muchas veces nos preguntamos cuál es el origen de determinados nombres de calles y desde cuándo y quien las nombra de esa manera. En el caso de personajes, acontecimientos y fechas históricas o países, no hay mayor problema que consultar las enciclopedias pero en el caso de calles, callejuelas o callejones que llevan nombres relacionados con algún hecho de la vida cotidiana o algún sucedido del pasado, la cosa se complica.

Los nombres de las calles del Centro Histórico todavía guardan un sinfín de historias y leyendas por descubrir.  Por la zona del viejo barrio de la Merced, en la esquina de Correo mayor y Regina, existe una cruz de piedra adosada al ángulo que hacen los muros de la casa que se encuentra en la esquina que forman ambas calles, ¿desde cuándo y porque está ahí?, ¿Quién la puso?

 

La primera pista la encontramos en la parte superior de ambos muros donde se encuentran dos pequeñas placas de la nomenclatura antigua que dicen: Calle de los Migueles y Calle de la Cruz Verde. Podemos suponer que en la calle de los Migueles vivieron uno o varios personajes que en vida llevaron ese nombre y que por tradición o imposición le dieron nombre a la calle, en este sentido encontramos varios ejemplos como; la calle de López que fue uno de los primeros doctores que hubo en la Nueva España, la calle de Don Juan Manuel, hoy Uruguay, llevó el nombre de aquel hombre que por celos mataba a todo aquel que estaba cerca de su casa, y a los que previamente les preguntaba:

-“disculpe Usted ¿Qué hora es? Y ante la contestación
les decía,
-“dichoso Usted que sabe la hora en que va a morir”…

luxBuscando en viejos libros de crónicas y leyendas encontramos que el nombre de La cruz verde tiene que ver con un hecho que sucedió allá por el año de 1850 y habla de un noble caballero llamado don Álvaro Villadiego y Manrique quien, recién llegado a la nueva España y para familiarizarse con las calles, gustaba de recorrerlas, montado en su caballo, en compañía de su paje. Durante uno de sus paseos, vio a una joven que se encontraba asomada al balcón de su casa, los encantos de la doncella, que se llamaba María de Aldarafuente, penetraron muy adentro del corazón del noble hispano.

A partir de ese día el doncel, varias veces pasó por debajo de aquél balcón y la joven bien pronto comprendió que la rondaba, pero como sus padres no le permitían hablar con nadie, se hizo difícil el comunicarse a los enamorados, por lo que decidió hacerle llegar una carta donde le decía que si el amor que él le ofrecía era correspondido, pintara una cruz verde en el balcón.

Siglos le parecieron los transcurridos sin que apareciese la dicha cruz, hasta que una mañana, vio la anhelada señal, lo cual era la realización de todas sus apasionadas esperanzas. Pocos meses después tuvo efecto la ceremonia nupcial, asistiendo lo más granado de la nobleza virreinal invitada por el novio que no cabía en sí de gozo. En memoria de aquella señal que había indicado el principio de sus dichas, Don Álvaro mandó que se pusiera en el ángulo de la casa, desde el suelo hasta el nivel del balcón, una gran cruz verde de piedra, que hasta el presente existe y que le diera nombre a esta calle…