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Calle del Empedradillo

Hoy, Monte de Piedad

La Gran Tenochtitlán -de acuerdo con las descripciones de los cronistas españoles- estaba comunicada por anchas calzadas de tierra y acequias que eran mantenidas en buen estado por los pueblos que tributaban con la mano de obra
de sus habitantes.

Al centro de la ciudad, el recinto ceremonial se encontraba totalmente pavimentado con grandes lajas de piedra unidas por argamasa que facilitaban su limpieza y debajo de las cuales existían canales por los que se drenaban las principales plazuelas que lo conformaban y que destacaban la importancia del sitio sagrado.

Después de la conquista, una vez refundada y trazada la Ciudad de México, sus calles sobresalieron por su regularidad, anchura y la belleza de los recios y severos edificios, belleza que era comentada por todos los viajeros que visitaban la gran capital.

El Virrey Don Antonio de Mendoza, fue uno de los que más se preocuparon, en su tiempo, por el empedrado de las calles ya que el creciente tránsito de los pesados carruajes de los españoles y sus caballos provocaban que durante las lluvias el piso de tierra compactada de las calles se desnivelara y presentara, generalmente, mal estado, siendo común que la Plaza Central y las calles principales, estuvieran encharcadas y con espesos lodazales provocando el permanente atascamiento de los carruajes y que los pocos transeúntes se ensuciaran el calzado y la ropa.

empOtro serio problema que tenían que soportar los vecinos de la ciudad eran los malos olores y la gran cantidad de insectos, que se generaban por la gran cantidad de basura que permanecía al aire libre en las acequias y las calles de la ciudad. En los meses de sequía el problema eran las polvaredas que se levantaban invadiendo hasta el ultimo rincón de las casas por lo que era indispensable para mejorar las condiciones de la ciudad que las calles fueran empedradas.

La calle que nacía en la Plaza Mayor y comunicaba con la Plaza de Santo Domingo era una de más importantes pues en ella se encontraban las Casas de Cortés, la Plazuela del Marqués y el atrio de la Antigua catedral por lo que fue una de las primeras de la Ciudad de México en ser empedrada, por ello, los pobladores de la capital de la Nueva España la bautizaron como la “Calle del Empedradillo”.

La presencia de una institución tan importante para la población como el Monte de Piedad en parte de la Antigua Alcaicería (anteriormente Casas de Cortés) en el siglo XIX dio un nuevo nombre a esta calle en el siglo XIX, quedando en el olvido de las nuevas generaciones el nombre con el que fue conocida por varios siglos.