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La Plaza de la Aguilita

Por: Jesús Rodríguez Petlacalco

recoA don Espiridión, incansable y longevo tameme de “la Aguilita”. ubicaron vecinos del barrio con carretillas en espera de rescatar alguna piedra o elemento decorativo de uno de los tesoros históricos y arquitectónicos más bellos de su barrio, de la ciudad y del continente. Finalmente las “piedras viejas” tendrían mejor destino: servir para la construcción de un mercado que albergara a comerciantes de la plaza del Volador, levantado meses después en el terreno que había ocupado el templo, tal vez argumentando, irresponsablemente, que era mejor “velar por la seguridad de la gente que por piedras viejas”. El mercado se construyó con otros materiales y nuestra ciudad se empobreció con la pérdida de casi todo este inigualable conjunto.

“La aguilita” me gusta más, tal vez por que guarda esa manera muy a lo mexica de nombrar en diminutivo lo que nos parece entrañable. Se trata de un sitio originario en la historia de nuestra ciudad, del cual se desprenden muchas crónicas como aquella que se guarda en el corazón de los lugareños quienes comentan que el origen de su nombre se debe a que fue el sitio en el cual se dio el mítico acontecimiento con el que, hacia 1325, los mexicas fundaron México- Tenochtitlan al hallar el águila posada sobre una nopalera devorando a la serpiente, mensaje divino de su ser supremo, el señor Huichilopochtli, para dar por fundada su ciudad.

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“Juan José Baz” es, en la nomenclatura oficial, el nombre con el cual se conoce a la plaza de “la aguilita”, mismo que bien se podría omitir ya que la gente no ubica este lugar como tal; peor aún, que fue el Sr. Baz quien, fungiendo como gobernante de la ciudad hacia el año 1861, encabezó la destrucción de los conventos de Santo Domingo, la Concepción y el Convento de Nuestra señora de las Mercedes y Redención de Cautivos (de la Merced).

recos23Para la demolición de éste último, la autoridad tuvo que hacerse acompañar de cuadrillas de guardias para salvaguardar las “ruinas” de aquel fastuoso lugar que era demolido sin conciencia. Cuentan las crónicas que la medida de seguridad se tomó debido a que, en cada esquina se ubicaron vecinos del barrio con carretillas en espera de rescatar alguna piedra o elemento decorativo de uno de los tesoros históricos y arquitectónicos más bellos de su barrio, de la ciudad y del continente. Finalmente las “piedras viejas” tendrían mejor destino: servir para la construcción de un mercado que albergara a comerciantes de la plaza del Volador, levantado meses después en el terreno que había ocupado el templo, tal vez argumentando, irresponsablemente, que era mejor “velar por la seguridad de la gente que por piedras viejas”. El mercado se construyó con otros materiales y nuestra ciudad se empobreció con la pérdida de casi todo este inigualable conjunto.

callSu carácter fundacional es indudable al ser parte del barrio o parcialidad más antiguo de la ciudad mexica. Como señalan Ricardo Antonio Tena y el Ing. Salvador Urrieta en su estudio sobre el barrio de La Merced (2009), en el cual citan que El Dr. Alfonso Caso en su investigación “Los barrios antiguos de Tenochtitlan y Tlatelolco” (1956), lo ubica, incluso, como el primer territorio ocupado por los mexicas, al cual denominaron; Teopan, cuyo significado en castellano es “el lugar donde está Dios”, también se le conoció como el barrio xochimilca (de la cementera de flores), Zoquiapan (lugar del lodo) además de, también, ser conocido en tiempos de la Nueva España como el barrio de los curtidores.

Los habitantes de la Merced intuyen y reconocen su solera y antigüedad y, para ellos, ésta placita es como la abuela generosa y amorosa que guardaamama
y comparte sus tesoros con peculiar afecto. El nombre le viene de siglos debido a la existencia de una fuente con el símbolo fundacional como remate, para algunos colocada desde el siglo XV con presencia hasta el XVIII, para otros, parte del nuevo paisaje urbano citadino post independentista; hay quien dice que había una igual en la plaza mayor y otra en la plaza de Santo Domingo (también conocida como plaza de los evangelistas).

Hay quien asevera que la de aquí fue trasladada a la plaza de evangelistas o viceversa…en fin, lo cierto es que hace algunos años, con el apoyo de la Casa Talavera de la UACM se colocó una réplica en éste sitio y otra en la calle Leandro Valle, junto a la plaza Santo Domingo, ambas copias de la original que se encuentra en custodia del Museo Nacional de Historia.

Caminar por la “la aguilita” representa toda una experiencia que bien vale la pena. Ocupada actualmente por comercios de papelería, me viene a la mente allá por los años 70 en que de la mano de mi madre le atravesaba cuando era todo un centro de abasto de papa y zona de descarga de gran variedad de frutas y legumbres que nutrían los comercios de la tradicional zona comercial de la merced. Recuerdo el enorme tamaño de los camiones de redilas ahí estacionados, la decoración de sus salpicaderas, los versos y refranes escritos en sus defensas, el olor a diesel que desprendían por la mañana al calentar motores y más aún, el tremendo lodazal por el que debíamos atravesar, al cual le agradecía en mi párvula inocencia su existencia ya que debía ser cargado por mi madre o tomado con más cuidado de su mano.

recosEn sus edificios, esquinas y establecimientos, queda aun testimonio de estos hechos de un pasado reciente y, a veces no tanto. En la esquina de Misioneros y la plaza se lee una placa antigua de nomenclatura con el nombre “puente de curtidores”, algunos locales le dan nueva vocación a la zona que también se precia de ser el sitio del establecimiento de ¡fábricas de tacos de canasta!, además de conservar en uno de los zaguanes de vecindad una de las taquerías más antiguas de la zona que ha perfumado de olor a tripitas fritas la misma a lo largo de algunas décadas.

En “la aguilita” puso su primer negocio don Asunción, una taquería que ofrecía una alucinante variedad de guisados en cazuelas de barro y cuyos comensales eran los cargadores, cargantes, “chantes” o tamemes de la zona que se alimentaban después de la árdua labor de descarga y traslado de mercancías. Don Asunción se mudó posteriormente a un local en la calle de Misioneros, al cual nombró como “fonda don Chon”, cosas de la vida, los insectos y alimentos de origen indígena ancestral que hoy vende este popular restaurante llegarían después con Fortino Rojas quien en sus invenciones inspiraría novelas y hasta películas aderezadas con codornices en salsa de rosas.

Hoy “la aguilita” hasta puede considerarse como “las aguilitas” por que en una de las más recientes intervenciones del gobierno de la ciudad fueron colocadas sendas jardineras decoradas con mosaicos que muestran una interesante gama de la historia del símbolo representativo de nuestra nación: el mítico encuentro entre un imponente animal de viento que devora a uno terrestre sobre el agua… vaya metáfora.

recoDese, querido lector, la oportunidad en un ejercicio de eso que hoy llaman slow life de disfrutar de la solera de este bello y digno lugar, observe la posición de las alas y el garbo del águila en cada época histórica de nuestro país, curiosamente “según se vea el águila en el escudo, se ve la situación de la nación”; las hay con o sin corona, robustas y hasta otras que más que águilas parecen aguiluchos.

Reencuéntrese con parte de su origen, tanto indígena como hispano y mestizo, ya verá que será una experiencia significativa que le llevará tal vez hasta la infancia cuando en la escuela primaria una de las bromas más populares era sorprender a los chamacos con la frase ¿dónde se paró el águila? mientras éstos eran pepenados de las greñas… de haber sabido entonces, uno no respondería con el “en un nopal” dando pie a la siguiente pregunta sobre la cantidad de tunas y los respectivos trancazos en el brazo, por que no mejor decir ¿dónde?... pues ¡en la aguilita!