Don Armando Jiménez

sajjksCronista de la vida nocturna de la Ciudad de México

El Pasado 2 de julio murió el que fuera, sin duda alguna, uno de los escritores más leídos y también más divertidos de México; Don Armando Jiménez, también conocido como el “Gallito Inglés” autor del que es considerado, después del “Quijote”, el segundo libro más publicado y leído en español; Picardía Mexicana. Se trata de una recopilación de “dichos”, albures, calambures, doble sentido y poesía picaresca, escritos en cantinas y pulquerías, letreros de camiones, chistes y mucho más.

Además de este libro, del que se han publicado más de 4 millones de ejemplares, publicó otros 16 libros, entre ellos tres importantísimos que hablan acerca de un tema muchas veces oculto;la vida nocturna de la ciudad, ellos son; “Cabarets de Antes y de Ahora en la Ciudad de México”, prologado en 1973, nada menos que por Don Salvador Novo; “Sitios de Rompe y Rasga en la Ciudad de México” y “Lugares de Gozo, Retozo, Ahogo y Desahogo en la Ciudad de México”, esta trilogía resulta obligada para aquellos que pretenden conocer y, sobre todo, entender a la ciudad de México, al Centro Histórico y la vida de sus habitantes.

kajkadkdjdkdjkPara sus investigaciones Don Armando hacía largas caminatas durante las cuales platicaba con la gente, tomaba fotografías, recogía volantes y papelitos que guardaba cuidadosamente en una mochila que siempre traía consigo, tomaba notas de nombres, precios y cifras que más tarde le ayudarían a la descripción de estos lugares que jamás hubieran despertado el interés de los llamados “historiadores formales” pero que en manos de Don Armando fueron verdaderos tesoros que más tarde nos ayudarían a conocer la forma y los lugares donde se divertían los citadinos de otros tiempos no muy lejanos, además de las zonas y las calles donde estaban ubicados y la transformación que han sufrido con los años.

Elaboró minuciosas crónicas y descripciones de innumerables lugares ya desaparecidos que hicieron época en su tiempo como los “cabarets” que constituyen un concepto desconocido en loa actualidad y que se encontraban por casi todas las calles del Centro y de toda la ciudad.

De estos locales tuvo don Armando el acierto no solo de hacer la descripción y la localización del lugar, sino de mencionar a las personas que allí concurrían y los hechos que allí acontecieron, añadiéndole gracia con fotografías, grabados y dibujos de los lugares y de los personajes relacionados con ellos y no solo de los del barrio sino también de los más elegantes y exclusivos de la ciudad.

Dió cuenta, en un acucioso inventario, de cuanto congal, cantina, billar, hotel de rato (así los llamaba él), salón de baile, cabaret, carpa y todo aquel lugar donde solía divertirse la gente.

babainbiclubberGracias a él, se conservan nombres y descripciones de lugares como el “Barba Azul”, “el Bombay” “el Burro” que de acuerdo a una fotografía que aparece en uno de sus libros, tenía adosado a la fachada un encantador burrito, el “Montparnasse” que se encontraba en la esquina de República del Salvador y 5 de Febrero, del que se decía que era una evocación del viejo Paris; “ La Clave Azul”, “La Rata Muerta” que estaba en la esquina de de los callejones de Jiménez y Echeveste , de “La Linterna Verde” que se encontraba en el mismo barrio a un costado del Colegio de las Vizcaínas y del que Don Armando nos cuenta que “era un cabaret típico de arrabal, visitado ocasionalmente por bohemios, artistas de radio y de cine y personas de la clase media alta que querían convivir con el pueblo; que las “muchachas de la ficha”, usaban vestidos muy entallados al cuerpo; parecía que tenían una segunda piel, pero eso sí, con la falda debajo de la rodilla, a diferencia de las coimas que pululaban en los alrededores del cabaret, cuyas faldas, también entalladas, les llegaban solamente a medio muslo” , del “Esmirna Club” que fuera fundado por Antonieta Rivas Mercado e Isidoro Arreola en terrenos de lo que fuera el Convento de San Jerónimo donde viviera Sor Juana Inés de la Cruz o de las “Veladoras de Santa” que era un lugar lleno de misterio y encanto que visitaban todos aquellos que querían continuar la fiesta con la conquista más reciente en absoluta discreción.

armTodo esto que nos platica don Armando, sucedía en la ciudad de México de finales de los años cuarenta. La historia de la ciudad en general y del Centro Histórico en particular no podría estar completa de no ser por las crónicas de Don Armando Jiménez quien debería ser reconocido como el cronista de la vida nocturna de la ciudad de México. Se dice que con la muerte de Don Gabriel Vargas, creador de esa joya llamada “La Familia Burron”; del escritor y cronista Carlos Monsiváis y con la partida de nuestro querido Armando Jiménez se va, en definitiva, el siglo XX.

No sabemos si esto sea cierto, lo que sí sabemos es que se fue un investigador de la vida de los barrios, un hombre simpático, bueno, afable y sobre todo, decente, que tenía amigos en todos, o casi todos, los cabarets, congales y cantinas que visitó durante sus investigaciones y recorridos y que, contrario a lo que pudiera pensarse, jamás bebió una copa de alcohol ya que un su juventud fue un gran deportista. Que fué el rey del albur y del calambur que manejaba con maestría, pero que, ante todo, supo ser amigo de sus amigos.

Hasta pronto Armando, tus amigos te vamos a extrañar…