Juventino Rosas, Vecino y pionero del alma musical en Garibaldi

ritoPor: Manuel Magaña Contreras

Procedente de su tierra natal, Santacruz de Galeana, Gto., con un borrico en funciones de “transporte para toda la familia”, con su inseparable violín blanco de la sierra y en compañía de sus padres, Jesús que tocaba el arpa y Paula Cadenas, encargada de los quehaceres del hogar, su hermano Manuel, guitarrista y Patrocinio, cantante, Juventino Rosas – 1868-1894 -, de escasos 7 años de edad, se avecindó en el céntrico barrio de San Sebastián de la Ciudad de México, en aquellos tiempos del romanticismo, después de la caída del emperador Maximiliano.

ritoJuventino Rosas, cuando sólo tenía 7 años de edad, con su papá y sus hermanos formaron un conjunto musical callejero y luego se hizo sacristán y campanero en el te templo de San Sebastián.

Cambió de domicilio al callejón de La Amargura, ubicado en el lado norte de la hoy Plaza de Garibaldi, donde uno de sus biógrafos, Jesús Rodríguez Frausto, basado en los estudios que realizó con apoyo de la Universidad de Guanajuato, señala que vivió los primeros años de su juventud, en medio de muchas penurias y con el dolor de que su hermano Manuel fue asesinado durante una de las actuaciones callejeras del conjunto musical formado para ganarse la vida.

Existencia genial y atormentada Juventino fue un auténtico genio. La pobreza y las flaquezas humanas que le atormentaban por su afición etílica no fueron obstáculo para que alcanzara la fama universal cuando México salía del período tormentoso que se alzó sobre nuestro destino nacional. En Garibaldi, en base a las investigaciones de Jesús Rodríguez Frausto, supo darle al sitio donde vivía, el aporte artístico que a la postre contribuyo a crear el “santuario musical”, hoy
conocido mundialmente.

Del callejón de La Amargura, en base a otro de sus biógrafos, Rubén M. Campos, pasó a avecindarse al barrio de Tepito, donde también ejerció el oficio de campanero y sacristán del templo de San Francisco. Indudablemente, la presencia de Juventino en el callejón de La Amargura, se tradujo en impulso para crear en la placita, un enclave de la música popular mexicana.

valsEn justicia, por su aportación que dio al lugar, debería llamarse “Plaza Juventino Rosas, en vez de “Plaza Garibaldi”. Nuestro inmortal personaje fue aguijoneado siempre por la pobreza y el infortunio. Lo extraordinario en él consiste en que esos obstáculos no impidieron que siempre se mantuviera activo en su creatividad musical., Fue músico desde su niñez y con el conjunto familiar que dio el sustento aún en los tiempos más difíciles, “interpretaba con singular sensibilidad los jarabes y los sonecitos de la sierra, mismos que eran del agrado de la población de la clase popular en la Ciudad de México, cuyas polvorientas calles de entonces eran recorridas por los rapsodas de Santa Cruz de Galeana”, asienta otro biógrafo el violinista guanajuatense, Hilario Cervantes.

El vals Sobre las Olas Justino Carvajal Rubí, hijo de Fidencio Carvajal Peña, protector de Juventino, cuando lo entrevisté en su casa de Cuatuepec, Barrio Bajo - en ocasión del centenario de “Sobre las Olas”, 1888 -, donde también vivió nuestro personaje, narró que su señor padre compró en 300 pesos, en La Lagunilla, el violín “Stradivarius” en el cual compuso el joven guanajuatense el vals “Sobre las Olas” que le dio la inmortalidad artística en el mundo. Se inspiró en dicho poblado perteneciente a la hoy delegación Gustavo A. Madero, frente al arroyo que corre en dicho lugar, cuando Mariana Carvajal, hermana del señor Fidencio, lavaba la ropa. Estaba enamorado de ella.

El autor de “Sobre las Olas” prácticamente no se tenía autoestima. Vendió – se nos dijo – su obra máxima, “en  quince pesos” a la Casa Wagner y en Monterrey, cuando se encontraba de gira artística, cambió los derechos de autor de un vals, de nombre “Soledad”,por un par de zapatos. Los que traía “ya eran unas chanclas”.

La paradoja es que Juventino Rosas fue siempre creativo y trabajador, pero la pobreza siempre lo acompañó. Vivió también en la delegación Magdalena Contreras, donde fue a esconderse porque desertó del ejército.

Allí se refugio, con ayuda de su gran amigo, el señor José Reyna, quien dirigía una orquesta, a la que se incorporó Juventino.

Doña Calixta y Don Porfirio

calixProtectora de artistas, la señora doña Calixta Gutiérrez de Alfaro, lo apoyó y lo introdujo a Palacio Nacional para que tuviera contacto con el Presidente de México, D. Porfirio Díaz.

La gestión tuvo éxito y Juventino compuso a la esposa del Héroe del 2 de Abril, doña Carmen Romero Rubio de Díaz, el vals “Carmen” que fue del agrado de la respetable dama.

La producción musical es abundante y variada: Dejó danzas, chotis, danzones, mazurcas, polkas, valses. Brilló al lado de grandes compositores mexicanos: Genaro Codina, Tomás de León, Apolonio Arroyo de Anda, Emiliano Correa, Ángel Viderique, Felipe Villanueva, Abundio Martínez, etc.

Los conocedores del arte musical del Siglo XIX consideran que Juventino Rosas dio suavidad al vals europeo, para adaptarlo a nuestro gusto, a nuestro temperamento.

Murió en Cuba

Se dice que “la soledad fue la compañera de Juventino en los momentos cumbres de su existencia”. Se mantuvo en actividad hasta el fin de su vida. Su muerte sorprendió a México. Fue el 9 de julio de 1894 cuando dejó de existir en el Hospital de Nuestra Señora El Rosario, en el pequeño poblado de Batabanó. Dejó de existir “a los 26 años, cinco meses y 19 días”. Pocos compositores como Juventino Rosas, han dado tanta fama a nuestro país con su genio creativo. Sus restos fueron repatriados a México el año 1909, cuando declinaba la etapa de su amigo, el Gral. Porfirio Díaz. Descansan los despojos mortales de Juventino, en la Rotonda de los Hombres Ilustres.

Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla