El Centro a sus pies

Por: Jesús Rodríguez Petlacalco
“Con los zapatos limpios y la conciencia tranquila”

Caminar, al ritmo que invitan las líneas de Gutiérrez Nájera, es un privilegio poco común, pero aún posible en nuestro tiempo. El gran cronista y escritor Salvador Novo lamentaba que los paseos se transformaran ante el inevitable arribo de la modernidad; “En la ciudad ya no se pasea, el automóvil ha invadido los espacios en los que la gente paso a paso sentía los latidos de su ciudad, de ahí lo de paseo.”, decía Novo con dejo de resignación.

La gente de principios del siglo XXI, nos perdimos de conocer aquellos memorables paisajes de los paseos tradicionales de antaño como el incomparable Paseo de la Viga, con su ancho canal y su área aledaña para carruajes y personas; el ilustrado y arbolado Paseo de Bucareli, el decimonónico y romántico Paseo de las Cadenas, el elegante y aristocrático paseo de Plateros y, los que para fortuna nuestra, aun subsisten, aunque en un escenario algo distinto; el republicano Paseo de la Reforma y el añoso Paseo de la Alameda. Ya no caminamos como antes, ni vestimos como antes y tampoco calzamos como en tiempos pasados lo hicieron aquellos para quienes la ciudad era toda una experiencia desde el andar.

Algo tan sencillo como esto puede ser todo un tema de conversación, con asuntos como el mismo calzado, que en estilos, materiales y modelos ha transitado por una curiosa evolución.

¿Alguna vez había usted imaginado programarse un tiempo para disfrutar de este tema en nuestro entrañable Centro Histórico? Pues, cumpliendo con una de las vocaciones de Ritos y Retos del Centro Histórico, le incitaremos a acercarse a esta experiencia.

¿Qué le parece entonces, empezar por las tradicionales bolerías? Establecimientos de gran tradición hasta hace no mucho tiempo en diversos puntos de nuestro Centro. Aún persisten algunos comercios dedicados al buen caminar, uno de ellos es la tradicional bolería ubicada en el numero 18 de la calle 5 de febrero en un pequeño local con muebles característicos para el buen servicio del citado oficio.

La bolería del ruso.

“Hay que traer los zapatos limpios y la conciencia tranquila”, comenta el bolero propietario del lugar mientras sacude su franela como quien calienta motores para una buena labor. Hay que tomar asiento en uno de los cuatro sillones tapizados de gastado vinil rojo y remachados con tachuelas que, junto con el resto del mobiliario, nos transportan a otro tiempo.

La experiencia se enriquece con la gran variedad de periódicos que se apilan en el asiento contiguo para que uno se eche una informadita mientras a los zapatos se les da “bola” y los deja tan brillantes, precisamente, como bola.

Mientras eso sucede, las manos, sabias de su oficio, del maduro señor abren una a una las latas de grasa y los frascos que contienen los solventes y tintas necesarios para un realizar un buen trabajo. Mientras, los aromas a solvente y cera invaden el espacio provocando un ritmo peculiar al mismo. Afuera, la gente camina a prisa y los carros circulan sin idea del tiempo. Adentro, don ruso, como apoda un maldoso y estorboso cliente al trabajador propietario, hace gala de su labor.

Sus manos saben cuidar el calzado, lo acarician en un gesto casi quirúrgico, y en una acción de alquimista, mezcla las sustancias mágicas y proveedoras del brillo untándolas con hábil maña por el cuerpo del calzado. Mientras, la mirada de uno puede enterarse del tiempo que lleva en función este establecimiento. Basta con ver sobre el muro una foto autografiada del Glison, o un recorte de periódico con Pedro Infante de joven, la oración al Señor del Trabajo que en su papel amarillo muestra el paso de los años o con solo ver las cerdas del gran cepillo que acaricia los zapatos, uno entiende que aquí el tiempo ha pasado lustroso y lustrado.

En medio de todo esto, me pregunto ¿Además de la tradicional bolería de la plaza de San Juan y ésta, cuantas más sucumbieron ante la llegada de los tenis, las grasas y ceras líquidas que venden en el súper o la falta de tiempo para darse brillo en el calzado? Visitar estas bolerías tradicionales nos recuerda que el caminar, además de saludable, ha sido un asunto de bien estar, no sé, esto se me viene a la mente después de escuchar a don ruso silbando una cancioncilla que es como himno rítmico y cadencioso para aquellos zapatos que se dejan lustrar.

En las calles del Centro, podemos ver a muchos boleros en diminutos asientos móviles, la experiencia puede parecer parecida, pero no es la misma que en una bolería.

Las tiendas especializadas

Casualidad o no, en calles aledañas como Isabel la Católica, Mesones o la misma 5 de Febrero, uno puede encontrar diversos establecimientos que ofrecen todos los productos necesarios para que el calzado muestre siempre su mejor cara. Así es de tradicional y bello nuestro Centro, visítelo y vívalo con estos pasajes sencillos y cautivadores y hágase de lo necesario para tener los zapatos limpios y la conciencia tranquila, y si es que no encuentra algo de lo que busca relacionado a nuestro tema, quizá sea porque ¡si en el centro no lo encuentra… es que todavía no se inventa!

Bolerías:

5 de Febrero 18
Plaza de San Juan 5

Tiendas de artículos para calzado:

Lux-z
5 de Febrero 42 y 45
Mesones 80
Tel. 5709 5634