Rumbo al Bicentenario, Los grandes Homenajes

Al llegar los días de la celebración del Centenario, la ciudad de México se apresuró a presentarse, para tan magna celebración, ataviada con sus mejores galas.

La decoración de la capital de la República fue dispuesta por el gobierno, que embelleció las calles, los parques y los edificios públicos; las casas de comercio que procuraron adornar de la mejor manera posible las fachadas de sus edificios y por la ciudadanía en general que, con deseos patrióticos, repintaron sus casas, las iluminaron ampliamente y las embellecieron con banderas, flores y otros atavíos.

Las banderas de todas las naciones se izaban en los edificios y se tendían a lo largo de los balcones cruzándose en una hermosa confraternidad. Aparecían a veces colocados, sobre el pintoresco fondo de las banderas, los retratos de los principales caudillos de la Independencia, las fechas simbólicas de un siglo de luchas y de gloria y las palabras Independencia, Paz, Progreso y, sobre todo, Libertad.

Conforme se acercaba la noche del grito de Independencia se empezaron a llevar a cabo las más solemnes ceremonias que los mexicanos vivieron llenos de emoción y patriotismo.

Homenaje a los Niños Héroes

La mañana del 8 de septiembre, la tribuna monumental colocada en el bosque de Chapultepec para la celebración de las fiestas cívicas, resulto insuficiente para contener a la multitud que acudió al Homenaje a los Niños Héroes de 1847. A las 9 de la mañana, cuando el local ya rebozaba de gente, se anunció la llegada de las banderas que pertenecieron a los Batallones de San Blas y Mina, sacadas del Museo Nacional de Artillería para consagrar el homenaje. Resonaban todavía las aclamaciones del público a los épicos estandartes, cuando los acordes de la marcha de honor y los del Himno Nacional indicaron la llegada del señor General Porfirio Díaz quien venía en compañía de todo su gabinete, los altos jefes del Ejército y de la Armada, Embajadores, Enviados y Delegados extranjeros. Acto seguido, la Banda de Policía ejecutó la obertura de Sansón y Dalila, a continuación el Sr. Diputado José R. Aspe pronunció el discurso oficial que le había sido encomendado y, acto continuo, la señorita Carmen García recitó una poesía escrita expresamente por el Lic. Ezequiel A. Chávez Subsecretario de Instrucción Pública; después de otras piezas de música, el alumno del colegio Militar don Alejandro Sodi dijo una expresiva alocución; cerró la parte literaria del programa una oda inspirada del joven poeta don Rafael Cabrera.

Para terminar, fue cantado el Himno a los Héroes, cuando el Sr. Presidente, acompañado por las personas que lo rodeaban, se dirigió al monumento erigido en honor de los niños héroes y depositó allí una corona de flores, a la que se unieron las ofrecidas por los señores Secretarios de Estado, los Poderes Federales, los Gobiernos de los Estados, oficinas públicas, asociaciones, Jefes y Oficiales del Ejército y numerosos particulares.



Inauguración de la Columna de la Independencia

La ceremonia solemne que anualmente se celebra en la mañana del 16 de septiembre, tuvo mayor resonancia y significación en el Centenario, pues durante ella fue inaugurada la Columna Monumental consagrada a recordar la epopeya de la Independencia y las figuras de los héroes que por ella lucharon.

El acto principió a las 10 a.m., hora en que arribó a la glorieta donde se levanta la columna, el Sr. Presidente de la República acompañado por los miembros de su gabinete y por los Oficiales de su estado Mayor.

Después de una obertura ejecutada por la banda de Policía ocupó la tribuna el Sr. Ingeniero don Antonio Rivas Mercado, autor del proyecto arquitectónico, quien leyó un amplio informe de los trabajos realizados, mencionando las dificultades suscitadas por las malas condiciones del subsuelo, que determinaron lamentables hundimientos corregidos con el mayor empeño por los Ingenieros Gonzalo Garita y Guillermo Beltrán Puga. A continuación y de conformidad con la costumbre establecida, el señor Secretario del Ayuntamiento de la Capital, Licenciado Juan Bribiesca, leyó el Acta de Independencia levantada en Chilpancingo.

En seguida, el Lic. Miguel S. Macedo, Subsecretario de Gobernación pronunció el discurso oficial que correspondió dignamente a tan solemne ocasión. La presencia en la tribuna del señor Diputado Veracruzano Salvador Díaz Mirón, el primero de los poetas nacionales de ese momento, fue recibida por el público con gran agrado. El nombre del señor Díaz Mirón tenía de antemano conquistado al auditorio y la simpatía que despertó desde que subió a la tribuna, se acentuó al final de la poesía en que cantó al Padre de la Independencia, el cura Hidalgo.

Luego, el Sr. Presidente de la República ascendió pausada y firmemente a la plataforma del monumento y, con voz sonora, lo declaró solemnemente inaugurado. Acto continuo, un grupo infantil entonó el Himno Nacional.

Inauguración del Hemiciclo a Juárez

El domingo 18 de septiembre se reunió en el costado sur de la Alameda un numeroso grupo de personas para asistir a la solemne ceremonia en que el Sr. Presidente de la República, acompañado por su Gabinete en pleno, inauguraría el soberbio monumento de mármol consagrado a perpetuar la memoria del gran reformador.

Instalados los invitados y mientras la Banda de Policía ejecutaba una obertura, las miradas se fijaron en el monumento, obra del Arquitecto Guillermo Heredia; todo aparecía descubierto, con excepción de la gran corona que encierra una inscripción que dice: “Al Benemérito Benito Juárez, la Patria”; esta corona estaba cubierta con una bandera nacional, que debía descorrer el primer magistrado en el momento de la inauguración. El Diputado e Ingeniero Ignacio L. de la Barra tomó la palabra para rendir un detallado informe de la construcción de la obra, llevada a cabo en tan solo diez meses, plazo pequeñísimo si se considera la magnitud de la obra. Terminado el informe del Ing. De la Barra, el Lic. Carlos Robles pronunció un discurso en el que hizo el panegírico del Benemérito de América. Otra pieza musical precedió a unos hermosos versos que recitó el poeta Luis G. Urbina en tan memorable ocasión, después, el Presidente de la República fue invitado a descubrir la corona y la inscripción.

Con este acto sugestivo y simbólico termino la inauguración de tan importante monumento que el pueblo mexicano levantó en honor de Don Benito Juárez.

La Apoteosis de los Héroes de la Independencia

Para clausurar los festejos del Centenario con la solemne apoteosis de los héroes de la Independencia, el patio Central de Palacio Nacional fue convertido en un templo austero, donde más de diez mil personas se reunieron la noche del 6 de Octubre para participar de tan solemne acto.

En el centro de la sala se erguía un soberbio catafalco construido por el Ingeniero Federico Mariscal. En los cuatro ángulos del catafalco fueron colocados grandes pebeteros con incienso humeante. En las cuatro caras del cuerpo se pusieron grandes lápidas, con la inscripción “Patria. 1810-1910”, en una de ellas y los nombres de los principales caudillos de la Independencia en las otras. Frente al catafalco y sobre una gran plataforma estaban colocadas las sillas que ocupaban los altos funcionarios de la Nación y el cuerpo Diplomático. A las 8 p.m. en punto arribó el Presidente de la República quien venía acompañado de su Señora esposa y seguido por los miembros de su Estado Mayor, inmediatamente después de que el presidente ocupó su puesto, la orquesta del Conservatorio, compuesta por ciento cincuenta profesores y la masa coral, integrada por cuatrocientas voces, entonaron la Marcha Heroica de Saint Saens.

En seguida, subió a la tribuna el Secretario de Relaciones Exteriores, Don Enrique Creel encargado del panegírico de los Héroes de la Independencia. La orquesta del Conservatorio ejecutó a continuación la Marcha Fúnebre del Crepúsculo de los Dioses, de Wagner y el sacerdote don Agustín Rivera, estudioso de la Historia Patria pronunció un erudito discurso. A continuación, el Secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes Lic. Justo Sierra leyó un hermoso poema alusivo.

Para terminar, el Sr. Presidente se dirigió al catafalco, subió la escalinata, se detuvo frente a la gran lápida en que estaba inscrita la palabra Patria y, en nombre de la República, depositó una hermosa corona de laurel diciendo;

“En este acto, en nombre de la patria, vengo a ofrecer a Hidalgo y a sus dignos colaboradores esta corona, que simboliza la gratitud de un pueblo hacia sus héroes…”

Para terminar, la orquesta y los grupos corales del Conservatorio entonaron el Himno Nacional, cuya última nota cerró esta solemnidad, que fue sin duda el acto mas significativo y grandioso de cuantos se celebraron en la conmemoración del centenario de nuestra Independencia.