En el centro histórico de la Villa de Guadalupe radica el alma de México

Por: Manuel Magaña Contreras

Polo de atracción nacional e internacional, el Centro Histórico de la antigua Villa de Guadalupe Hidalgo es compendio de sucesos históricos que definitivamente han configurado a la nación mexicana y teatro de acontecimientos de tanta trascendencia para los mexicanos, como lo constituye el hecho de que en su entorno, de acuerdo a lo que señala la tradición secular, hayan ocurrido las apariciones de la Virgen de Guadalupe, considerada el alma de México.

 

La Villa de Guadalupe – y sus multitudinarias peregrinaciones -, como se conoce hoy al Centro Histórico de la delegación llamada en la actualidad Villa Gustavo A. Madero, es sitio donde la fe contribuyó a que se levantara la Nacional e Insigne Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, conocida inicialmente cono La Colegiata, cuando a partir del 27 de abril de 1709 – su construcción empezó el 25 de marzo de 1695, con costo de 800 mil pesos -, fue abierta al culto.

La Antigua Basílica dio origen a la creación de un conjunto barroco que posteriormente se complementaría con la edificación del Convento de Capuchinas, al lado derecho de la antigua Colegiata – vista de frente -, mismo que funcionó menos de un siglo como tal por la exclaustración de las religiosas en 1863, a consecuencia de las Leyes de Reforma y ser utilizada como hospital, asilo de pobres y escuela., refiere el Cronista de la Villa de Guadalupe, Horacio Sentíes Rodríguez.

Fieles, instituciones caritativas, Manuel de la Borda y Pedro Romero de Terreros, fundador del Monte de Piedad, contribuyeron a su construcción iniciada el 3 de octubre
de 1782, con costo de 212 mil328 pesos, refiere Manuel Rivera y Cambas.

Al singular panorama barroco arquitectónico de la antigua Villa de Guadalupe contribuyó la construcción del templo de El Pocito, en el último tercio del Siglo XVIII y el Templo del Tepeyac o Capilla del Cerrito, así como la plazuela al poniente de la antigua Colegiata donde residían las autoridades civiles y se dice “fue firmado el Tratado de Guadalupe Hidalgo en 1848, por el cual perdimos más de la mitad de nuestro territorio, como consecuencia de la invasión de 1847.

La construcción de la nueva basílica, en tiempos de Luis Echeverría, vino a romper la armonía arquitectónica barroca en la Plaza del Tepeyac.

La Cofradía de los Plateros

Narra el Cronista de la Villa de Guadalupe, Horacio Sentíes Rodríguez, en su obra “Crónica Centenaria”, que la antigua Basílica de Guadalupe fue centro de reunión de todos los plateros del país, entre ellos el fundador del Nacional Monte de Piedad, Pedro Romero d e Terreros y Manuel de la Borda. Venían a orar para dar gracias por las buenas ganancias en sus minas de plata.

Luego de dar gracias, continuaban su viaje hasta la Aduana de Santo Domingo, donde pagaban sus impuestos y posteriormente, se hospedaban en hoteles de la antigua calle de San Francisco, después llamada Plateros y finalmente, calle Madero. La antigua Basílica está de llena de obsequios de los plateros, hay, incluso, retablos, altares, rejas y lámparas de plata. Este gremio formó su Cofradía Guadalupana.

Allí recibía el bastón de mando los virreyes

El papel de la Virgen de Guadalupe, a partir de sus apariciones en diciembre de 1531 y su participación en la evangelización de nuestro país inspirando la obra misional, es fundamental para la vida en México. Durante el virreynato, los virreyes recibían allí el bastón de mando. Procedentes de España, luego de desembarcar en Veracruz, tocaban la Villa de Guadalupe con el fin indicado, para continuar su viaje hasta la Ciudad de México. Abanderó la Guadalupana a Hidalgo en su lucha insurgente próxima a cumplir su bicentenario.

La Casa de los Virreyes aún subsiste como testimonio del paso de los gobernantes durante el período virreynal.

Muchos acontecimientos históricos han ocurrido en tan interesante entorno. En el exterior de El Pocito – donde la tradición señala que se produjo el milagro de la Virgen conocido como las rosas y brotó un manantial milagrosamente -, se encuentra una placa donde consta que allí bebió agua el generalísimo don José María Morelos y Pavón, a su paso a San Cristóbal Ecatepec, donde fue fusilado.

El paisajista José María Velasco

José María Velasco - 1840-1912 -, célebre paisajista, realizó sus obras maestras ejecutándolas tanto en el cerro de Santa Isabel Tola como en el del Tepeyac. Oriundo de Temazcalcingo, Estado de México, fue vecino en el Centro histórico de la Villa de Guadalupe,. Vivió en la casona que afortunadamente aún está en pie, en la esquina de la antigua plazuela y la prolongación de la calzada de los Misterios. Se le conoce como “el pintor de l región más transparente del aire en el Valle de México”.

En 1873, realiza su primer “Valle de México”, visto desde Guadalupe; en 1875, “El Valle de México desde Santa Isabel Tola” y “Paisaje con Acueducto”, “Los Volcanes”, desde el Tepeyac. Su paisaje “México” fue una magnífica creación pictórica; a Velasco se le considera el mejor paisajista del Siglo XIX.

Ferrocarril México Veracruz

El ferrocarril México Veracruz, con su estación correspondiente, constituyó un motivo para la realización de extraordinarias pinturas costumbristas de parte de pintores anónimos.

Hipólito Salazar, en “Recuerdos de México, Villa de Guadalupe” , materializó obras maestras en lápiz graso, pluma y pincel, a cinco pintas, en donde quedaron grabadas escenas costumbristas, con la Basílica de Guadalupe al fondo, en donde personajes de todas las clases sociales admiran al ferrocarril a su paso por el interesante lugar.

Mucho hay que hablar sobre el tema. Lo dicho, es apenas un pequeño esbozo de lo que contiene y representa el Centro Histórico de la Villa de Guadalupe, alma de México.

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