San Agustín de las Cuevas, Acrópolis del D. F.

Tlalpan, levítica zona de conventos, cultura, salud y reserva ecológica

Manuel Magaña Contreras

Por méritos propios en lo cultural, sus numerosos conventos, centros de enseñanza superior, seminarios, su clima que generan sus siete elevadas montañas y un centro histórico que fue y ha sido teatro de acontecimientos históricos desde la época virreynal y su ambiente levítico, la delegación de Tlalpan ha merecido el título de la “Acrópolis del Distrito Federal”.

 

El templo de San Agustín de las Cuevas, su colonial Palacio Municipal, el casco de la hacienda de Coatipoato y viejas casonas como la Quinta Sana Ramón, figuran entre sus joyas más preciadas en el marco de su singular Centro Histórico, donde también destaca el viejo Barrio del Niño Jesús que le ha dado celebridad como enclave donde se asienta una porción importante del Patrimonio Cultural, histórico y Arquitectónico del Distrito Federal.

Introducirse en los secretos de los tesoros que alberga la delegación Tlalpan - la más extensa del D. F.,con 302 kilómetros de longitud -, es transitar de sorpresa en sorpresa. La casa del Virrey de Mendoza es otra de sus grandes joyas arquitectónicas. Y en lo histórico, el sitio donde estuvo preso el Generalísimo don José María Morelos y Pavón, cuando se le condujo a la capital mexicana para su juicio y su inmerecida condena a muerte.

 

La “Acrópolis” del Distrito Federal, dentro de sus muchas peculiaridades, se encuentran en su extensa superficie, las elevaciones que son, el Ajusco, en la sierra del mismo nombre, con 3,997 metros sobre el nivel del mar; el Cerro Pelado, de 3,600 metros de altura; el Cuadra,, de 3,550 metros en su cima; el Oyameyo, de 3,300; el Malinale , de 3,150; el Xictli, de 3,100; el Xochintepec, de 2,4500 y el Zacayucan, de 2,500 metros sobre el nivel del mar.

Ello genera en las partes bajas un clima benigno propicio para el establecimiento de centros de salud, entre ellos, el Instituto Nacional de Cardiología, uno de los más eficientes a nivel mundial; los de la secretaría de Salud; del Seguro Social, etc. ,

Fue capital del Estado de México

Entre los antecedentes históricos de Tlalpan se encuentra el haber sido capital del Estado de México. Recibió el título de ciudad el 25 de septiembre de 1827 y del 15 de junio de ese año al 14 de agosto de 1830, fue capital del Estado de México.

Durante el período virreynal tuvo el nombre de San Agustín de las Cuevas y Tlalpan alcanzó fama debido a la preferencia de la aristocracia de aquellos años, al preferirla para sus descansos de fin de semana, junto con San Ángel.

Madame Calderón de la Barca escribió amenos relatos sobre la vida social en los tiempos iniciales del México independiente y describió con abundancia de detalles, las incursiones de personalidades de la aristocracia de aquél entonces, entre ellas la “Güera” Rodríguez, sin olvidar desde luego, las incursiones del villano en esos tiempos pretéritos, Antonio López de Santa Anna.

Los artistas que manejaron con maestría el arte de la litografía, dejaron inigualables pruebas de las escenas de peleas de gallos y de los bailes que “a campo razo”, se organizaban entre los miembros de la más alta y rancia aristocracia y el “peladaje” del pueblo que reclamaba su lugar en aquellos idílicos lugares que permitían disfrutar del paisaje y el aire carente de contaminación ambiental en épocas en las que la agricultura y la ganadería eran la actividad principal en Tlalpan, igual que en otras demarcaciones.

De 1854 a 1856, Tlalpan fue prefectura, de acuerdo al secreto del 16 de febrero de 1854. Comprendía municipalidades de su propio nombre, con seis pueblos, cuatro haciendas y cinco ranchos.

Independientemente de la configuración política de esa época, a Tlalpan pertenencen los pueblos de San Pedro Mártir, San Miguel y Santo Tomás Ajusco,Magdalena Petlatalco, San Andrés Totoltepec, Topilejo, San Miguel Xicalco y Parrés, donde las actividades principales se refieren a l agricultura y a la ganadería “de patio” , es decir, en pequeña escala, para necesidades de autoconsumo de los propios campesinos.

La Universidad Pontificia de México

El ambiente levítico que se respira en el Centro Histórico de Tlalpan y sus alrededores, se explica por la existencia de instituciones encargadas de mantener vigente el espíritu religioso que se vive en los conventos tanto para las órdenes femeninas como para las masculinas, así como a los centros de cultura superior donde se prepara a los sacerdotes destinados a responder a las necesidades de la feligresía católica.

La institución de cultura superior más representativa del mundo de formación espiritual que se vive en el corazón de Tlalpan es Universidad Pontificia de México, cuyos antecedentes son la Real y Pontificia Universidad de México – 1551-1865 -, y la pontificia Universidad Mexicana –1895-1931. La UPM fue inaugurada el 29 de junio de 1982, con la característica que ya hemos visto, en el sentido de que sus raíces se hunden en el México virreynal de mediados del Siglo XVI.. Fue a iniciativa del Episcopado Mexicano el relanzamiento de la afamada institución. Se contó con la autorización del Papa Juan Pablo II, en base a la Constitución Apostólica de 1980en materia de universidades eclesiásticas, destinadas a postgrados de la formación sacerdotal.

Consecuentemente, los estudios en la UOPM están avalados por la Santa Sede. Dispone de una biblioteca de más de 100 mil volúmenes, cuya base es el acervo bibliográfico del antiguo Seminario Nacional de Montezuma –1937-1972 -, Nuevo México, E. U. A la vez hay conexión con la red cibernética del ITESM y la UNAM. El alumnado pertenece al clero regular y secular.

Tlalpan, ciudad levítica, y eminentemente cultural, tiene instalaciones de organizaciones religiosas como los llamados “legionarios de Cristo” y como si fuera poco, allí se ubica el Seminario Conciliar de México, dependiente del arzobispado de la capital mexicana.

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