Naufragio

Por Sergio Faz

1. Naufragio(México, 1977) es una película de Jaime Humberto Hermosillo, basada en el cuento homónimo de Joseph Conrad. La película empieza con una toma del mar bramando, violento, encrespado, revuelto, como anunciando la tormenta que se avecina; después vemos una toma área de las unidades habitacionales de Nonoalco-Tlatelolco al amanecer, es la mañana de uno de esos días de la temporada de lluvias, brillante, con el vapor elevándose en la distancia. El estrépito del mar continua, furioso sobre la Ciudad de México, como si estuviera cercano.

 

La cámara se mete en un departamento del edificio Sonora y empieza a recorrer una habitación decorada con afiches, fotos, un globo terráqueo y otros objetos que delatan el espíritu viajero de quien la habita.

Una mujer abre la puerta, como si esperara sorprender a alguien. Tiene la mirada triste.

De repente se pone a ordenar la habitación y luego de un rato dice: Mañana llega. Seguro que mañana llega.

Nos hace participes de su ilusión, de su esperanza. Mira hacia la pared, un niño en foto escolar, luego un hombre joven, que por la manera que lo ve sabemos es su hijo.

Un cartelito de la película Lord Jim (EUA-Reino Unido, 1965), también obra de Joseph Conrad, y un póster de la aerolínea KLM anunciando la ciudad de Ámsterdam saltan a la vista.

Otra mujer entra en la habitación llamando a la primera, diciéndole: Amparito, es rete tarde. Apúrese, el agua está caliente.

Esa otra mujer que interrumpe la ensoñación de Amparito (Ana Ofelia Murguía) es Leti (María Rojo), compañera de departamento de la primera y también compañera de oficina. Juntas trabajan en Control de Pagos del Departamento del Distrito Federal. Y es en ese edificio del siglo XVIII, donde las veremos trabajar, atender gente que va a hacer trámites, revisar, recibir papeles y sobre todo vivir esperando el mañana.

A diario van a trabajar, se meten al metro y luego de los empujones de la hora pico se acomodan en el vagón. Hablan de Miguel Ángel, ese hijo misterioso que Amparito espera, que imagina, que no sabe si tendrá barba, pero intuye que viene en camino; dice sentirlo cerca y predice que él se enamorara de Leti y no se irá nunca.

Salen del metro en la estación Zócalo, justo frente a la Catedral Metropolitana. Vemos Seminario, Republica de Argentina y Guatemala cuando todavía se podía circular por ahí, antes que apareciera la Coyolxauhqui reclamando sus dominios de diosa; la cantina El Nivel (ahora cerrada), la calle Moneda y el bullicio del tráfico en los alrededores del Palacio Nacional mientras las dos mujeres cruzan la Plaza de la Constitución con unas jardineras que rodean el asta de la bandera.

En la oficina vemos a Leti, sentada en el escritorio, engrapándose el dobladillo de la falda y con la fachada de la Catedral al fondo, imponente. Es entre escritorios que descubrimos el romance que Leti tiene con Gustavo (Carlos Castañón), el mejor amigo del ausente Miguel Ángel, y por medio de él sabemos un poco mas de ese aventurero de quien tanto se habla, sabemos como planearon el viaje juntos, como un día de repente Miguel Ángel se subió al barco y se fue a ver el mundo.

Los personajes habitan en esa atmósfera de espacios amplios, pasillos, escaleras señoriales del Antiguo edificio del Ayuntamiento. Ahí vemos a Leti acosada por su jefe, Amparito atendiendo en la ventanilla, trabajando siempre amables y sonriente pero con la procesión por dentro. Hacen suyas esas construcciones de otro tiempo.

Una mañana Amparito es hospitalizada, presa del cansancio y agobiada por el recuerdo del hijo que no vuelve. Leti tiene que sobrellevar la ausencia de esa amiga que se ha convertido casi en su madre y también el peso de un hombre que no conoce, pero que ella intuye vendrá para cambiar su vida. Ella como la madre lo espera con ansias y de paso nos hace a nosotros sentir curiosidad y ganas de conocer a ese extraño.

De repente, un día que Leti llega a trabajar, le dicen que alguien ha ido a preguntar por ella. No hace caso a sus compañeras y cuando se agacha para recoger unos papeles ve aparecer a Miguel Ángel (José Alonso). Finalmente esta ahí, de carne y hueso aunque tiene un pequeño defecto: es manco. Él le pregunta por su mamá, aunque sin dar mucha importancia al estado de salud de Amparito y sale huyendo de los colegas curiosos que finalmente lo ven materializarse.

A continuación vemos un magnifico plano secuencia de mas de tres minutos en el que Leti y Miguel Ángel bajan las escaleras del edificio del Ayuntamiento y se van caminando por los portales hasta llegar a la esquina de 20 de noviembre y ahí siguen platicando, la gente pasa al lado de ellos en medio de ese trajín tan característico del Zócalo, turistas que se están tomando la foto, vendedores, transeúntes y gente que parece no llevar rumbo alguno. Luego viene otro plano largo de ella haciendo el mismo recorrido pero a la inversa y teniendo como fondo la representación, en azulejo poblano, de los escudos de armas de Hernán Cortés, del primer ayuntamiento instalado en Coyoacán, y el de la Ciudad de México. Leti vuelve a la oficina radiante, sin poder ocultar su felicidad.

Miguel Ángel ha vuelto, pero Amparito no lo ve ni lo oye porque el no va a visitarla. Llega a casa y es entonces cuando conocemos a un Miguel Ángel muy distinto al que habíamos imaginado, al que la madre había idealizado para nosotros. Después viene el desenlace, sorpresivo, violento y doloroso.

2.No se puede perder un brazo o una pierna sin que uno no se de cuenta, dice Amparito cuando tratan de hacerle pensar que su hijo ha muerto; así mismo, siempre habrá anécdotas, fotos, recortes de periódico, películas y recuerdos que nos traigan fragmentos e instantes de gloria, siempre quedarán restos del naufragio al que a veces sucumben edificios de gran valor arquitectónico e histórico del centro y la película de Jaime Humberto Hermosillo es buen ejemplo de ello.

Desde luego, es mejor andar estas calles, perderse en los callejones, asomarse por las ventanas, alzar la mirada hacia los balcones o simplemente sentarse y contemplar el vaivén de la gente: escuchar los organilleros, oír las conversaciones de la gente en los parques o verlo todo en silencio, porque aquí la película nunca se acaba.